29 de junio, festividad de San Pedro (el primer Papa) y San Pablo. Se está perdiendo la costumbre de que los donativos recogidos ese día en las misas de todas las parroquias del mundo se destine a los gastos del Vaticano, que son muchos. La figura del Papa es clave en estos tiempos revueltos. El Pontífice es el objetivo primero del Nuevo Orden Mundial. No se trata de eliminarlo -eso es propio de la tosquedad de la KGB-, sino de conquistar a la Iglesia. Por ello, todo Pontífice fiel debe ser desprestigiado, tildándolo de homófobo, machista o cualquier otra lindeza y, a ser posible, llevado a los tribunales internacionales para ser condenado.
Una condena al Papa sería un golpe de gracia al Cristianismo lo suficientemente fuerte como para enclaustrar al Pontífice en el Vaticano y, a partir de ahí, crear una nueva Iglesia. Muchos estadistas del mundo brindarían por tamaña condena.