Por el bien de la Región de Murcia en general y por los municipios costeros en particular, esperemos que el viaje oficial realizado por Gobierno y empresarios a la capital moscovita haya sido para atraer inversiones al tejido productivo y no para traernos turistas rusos.
Este nuevo intento, y van dos, de ir a Rusia a por turistas, ya lo intentamos también con los chinos y los portugueses y así nos va. Esta iniciativa es más propia del desconocimiento de los mercados turísticos que visitan España que de otra cosa. La experiencia de los 'asentamientos rusos' en la costa española ha sido suficiente para que los responsables turísticos de otros destinos tomaran otras direcciones: Noruega, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Gran Bretaña, Alemania, Suecia, Finlandia, Francia, Suiza y el propio turismo interno.
Eso sí, salvo que lo que se pretenda con esta disparatada apuesta turística sea intentar que las costosas casas que todavía no están vendidas de algunos resorts sean adquiridas por la nueva elite rusa.
Pero vamos por partes. Por un lado, cada vez que se habla de 'turistas rusos' en nuestras costas es porque se ha procedido por parte de la Policía a desmantelar una red de droga y prostitución. ¿Es ese el tipo de turismo al que aspiramos traer al nuevo aeropuerto? Y, por otro, si nuestra apuesta, cada vez más clara, es el turismo residencial, y convertir Murcia en pequeños 'guetos', lo mejor será que algunos empecemos a hacer las maletas.
El turismo residencial -no lo digo yo, lo dice hasta el más tonto de la clase- no genera empleo, ni de baja ni media o alta calidad; por lo tanto, empleo cero, y encima crea la obligatoriedad al Ayuntamiento de turno de dar unos servicios mínimos a la urbanización de lujo. En definitiva, aquí el único que gana y muchos millones de euros es el promotor de turno que posiblemente esté incluido en el viaje oficial.
Me niego a pensar que los responsables turísticos no hayan aprendido nada, y lo único que hacen es seguir los consejos de 'algunos' empresarios turísticos. Seguimos sin una clara política en materia de turismo, sin una apuesta clara por La Manga como referente mundial, seguimos teniendo índices de estacionalidad altísimos, una temporalidad en el empleo por encima de la media de otros sectores. A pesar de algunos esfuerzos con el Año Jubilar sigue estando falta de una línea argumental clara y contundente, sigue siendo nuestro turismo termal algo residual en número; en definitiva, seguimos a la cola de España también en turismo. Eso sí, todavía estoy esperando a que alguien me diga qué ha aportado Karabatic a esta Región en número de visitantes y pernoctaciones.
El sector turístico (a ver si vamos empezando a separarlo del sector servicios) es junto al sector agroalimentario nuestro futuro, pero aquí siguen tomándoselo a pitorreo, tanto uno como el otro. Por mucho que la intentemos disfrazar, la realidad es que la investigación con mayúscula en el campo de la alimentación la hacen en otros países y que nuestro peso de establecimientos turísticos es apenas del 2% con respecto a España.
Eso sí, si Ratzinger vuelve a Caravaca, ahora como Papa, habremos salvado la campaña turística y podremos seguir mirándonos el ombligo.