Cada equis tiempo (*) me entra la vena murciana y me despierto de mi clisao, me pongo mis alpargatas y salgo a pijo sacao arreando a reivindicar lo que me parece justo. Eso sí, sin tomar ni una miajica de pesambre y sin pararme en chuminás. Y sin perjuicio de ser un cansao me dispongo a dar un capuzón a aquellos que no hacen las cosas bien (con la subjetividad que lleva en sí este término) en mi tierra de peros, tápenas y carderos.
A lo mejor no es cosa exclusiva de mi tierra (mal de muchos...) pero a mí se me antoja que el poder judicial, a nivel protocolario se encuentra más postergao que un torero detrás del telón de acero (como diría Sabina). Me esturreo a pajera abierta: tres son los poderes del Estado, y por este su orden: ejecutivo (que gobierna), legislativo (que hace las leyes) y el judicial (que juzga y hace ejecutar lo juzgado). Pues bien, cuando hay un acto oficial, la lógica me indica que ese es el orden, sin necesidad de que se regüerban, de colocación de sus representantes. Sin embargo, observo con estupor (y no es la primera vez que lo digo, pero lo repito porque aún la boria, que no permite ver ni una chispa de luz, no se ha disipao) que al menos en nuestra Comunidad (no sé si en las demás, pues no me prodigo allende las fronteras comunitarias), tras el primer y segundo poder citado no se encuentra el judicial, sino diversos consejeros, alcaldes, etc. Ni cuando viene el Rey (a decir verdad parece que en estos casos es la Casa Real la que organiza el protocolo) se respeta el orden de poderes dicho. La más reciente realidad de lo que digo aparece reflejada en el acto de la Región de Murcia, celebrado en La Unión, el pasado día 9 de junio. Los representantes del poder judicial aparecían, lógicamente, no solo detrás de los presidentes de los poderes ejecutivo y legislativo, sino por detrás incluso de algunos consejeros e incluso del vicepresidente de la Asamblea Regional de Murcia. Pero es que a la hora de los discursos todos eran excelentísimos (menos el delegado del Gobierno, que en otro craso ¿error? solo era nominado como señor) menos los representantes del poder judicial, que ni eran citados como presentes en el acto. Y ese olvido no me gusta ni como murciano ni como juez. Pues si el poder judicial estaba allí representado por su presidente y por su fiscal jefe, era por orgullo de sentirse murcianos, y porque su deber institucional así se lo demandaba. La prudencia de ambos representantes citados les hizo estar en su (no) sitio sin más problemas. Pero yo no me acostumbro a esto. Menos mal que nunca llegaré a tan altos honores.
Dicho está lo dicho de manera abonica. Platicando, quién sabe si angún día recogemos en una capaza las cosas esturreás, las ponemos encima de una leja y las volvemos a ordenar a tajo parejo. Me esperaré una chispitica más y si no volveré a pajera abierta a reivindicar lo que es mío y me representa. No quiero que las cosas se pongan revenías ni que se bufen. Por eso propongo estas pequeñas correcciones a quien le corresponda, con el deseo que no la dejen caer en una alcancía y pierdan la llave.
Si me hicieran caso, prometo invitarles no a michirones, que no me salen bien, pero sí a un potaje de pésoles y alcaciles, con sus crillas y pavas de la arboleja si es menester. Ah! y tiraré piolas.
(*) Día sí y día también.