Si, como recientemente ha quedado demostrado por científicos de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), no sólo existe desde hace ya algún tiempo el ordenador capaz de leer los labios y el que puede discriminar entre diferentes idiomas está muy avanzado, así como que los estudios sobre el identificador de los idiomas a partir de las imágenes, de la apariencia visual de la pronunciación de un fonema, algo así como diferenciar un fonema de un 'visema', de qué se asustan los que ponen el grito en el cielo porque se espera que, en más o menos cuatro días, para el 2015, el 50% de los libros que leamos serán electrónicos. Tal vez sean los mismos 'nostradamus' que han ido profetizando que con la llegada de la televisión desaparecería el cine; que con el vídeo lo haría la televisión; que el teléfono móvil nunca sustituiría al fijo, o que ya no se inventaría nada tan definitivo como el que hoy ya es obsoleto fax.
Qué sería del progreso de la humanidad si nos dejáramos influir por los agoreros, sean tecnológicos o de cualquier otra índole. Tal vez estaríamos aún seleccionando los tipos móviles con los que Gutenberg revolucionó el sistema amanuense de escritura de libros que se había venido utilizando desde las tablas de arcilla. Acaso anclados en las imprentas impulsadas por vapor y energía hidráulica del revolucionario industrial siglo XIX, o en la linotipia (del mismo siglo) que permitía automatizar la colocación de los caracteres en la página de un libro. Tal vez escribiendo en una Underwood, o haciendo pinitos literarios en el legendario Spectrum. Tampoco habrían dado crédito a los sistema de autoedición, ni al hipertexto, mucho menos a la web y todo lo que ella propicia, ya sea Google, YouTube, Facebook, los blogs, y una larguísimo etc., que es hoy una absoluta realidad.
Pero lo cierto es que, también en tecnología, la realidad supera siempre cualquier intento de inmovilismo. Así que, la edición del libro electrónico no para de evolucionar y no es extraño que, a los primeros 'libros electrónicos' del 2006 o más correctamente, soportes para lectura de libros digitales, que ya disponían de tecnología de microesferas (la que posibilita la tinta electrónica, hasta ahora la más idónea para la lectura de textos digitales) ya se les esté pensando incorporar las microesferas en color. Aunque esto, siendo importante, no es lo único en lo que se está trabajando para facilitar la lectura de libros en estos nuevos soportes. También en los lectores flexibles, que se puedan enrollar en un pequeño tubo (lo que vendría a ser como un papiro guardado en un cartucho, aunque sin sello faraónico) o que puedan doblarse para que ocupen menos espacio.
Por supuesto que una revolución de este calado tiene estudios de impacto y de cómo irá evolucionando la aceptación del nuevo soporte. En España, a los que ya se han interesado por esta vía de lectura, se les ha llamado 'early adopter', apasionados de la tecnología. Igualmente se irán incorporando de una manera natural los nativos digitales, los que han nacido y crecido con internet, el móvil, Mp3 y todos los demás elementos tecnológicos que acompañan nuestras vidas. Pero también los otros, los apasionados de la lectura, los amantes de los libros tradicionales se irán adaptando a este nuevo sistema, aunque, de momento, no puedan disfrutar de esos otros atractivos sensoriales que te ofrece el libro de papel. Atendamos si no los datos que aporta la librería Amazón, sólo para una de las marcas de soportes de lectura digital que hay actualmente en el mercado. El 34% de las copias que les piden son digitales y, en cuanto a las edades, los mayores de 40 años son el 70% de los compradores, y de estos la mitad mayores de 50 años.
Una vez que los precios se adapten a niveles económicos más amplios, quién nos dice que la mayoría de nosotros no podremos leer un libro de esta manera. Así, cuando en la noche nos venza el sueño podríamos dejarlo, incluso sin indicador de lectura, para proseguirla al día siguiente. No necesariamente en el mismo lector de tecnología de microesferas, porque el propio teléfono móvil podrá tener una copia de los libros comprados, y con sólo abrirlo, automáticamente, irá a la página en la que dejamos la lectura. Aún así, siempre hay quien piensan como la Dra. Ochoa (Lady Foster) que el libro en soporte papel no desaparecerá nunca. Sobre todo las joyas que salen de su lujosísima editora. No obstante, para quienes es prácticamente inaccesible alcanzar tan cotizadas joyas, tal vez terminemos refugiándonos en los lectores de microesferas, con lo que, además, contribuiremos a que del ya diezmado planeta Tierra no desaparezcan definitivamente todos los árboles.