Eduardo Rodrigo, el músico al que «siempre recordaremos con una sonrisa»

20.04.2017 | 04:00
Eduardo Rodrigo (i.), con Teresa Rabal y los padres de esta, Paco Rabal y Asunción Balaguer, en la playa aguileña de Calabardina .

Después de atravesar tres años de larga enfermedad pulmonar, ha terminado el recorrido de su viaje a los 73 años. Y según me dice su mujer, Teresa Rabal, los últimos meses han sido terribles; pero tanto ella como sus hijos ( Luís y María) han dejado dicho que «fue un excelente padre, el mejor, un abuelo maravilloso y un marido excepcional, a quien siempre recordaremos con una sonrisa, por su generosidad y su sentido del humor, que le acompañó hasta el último momento». Yo también percibí lo que han escrito como recuerdo. Añadía Teresa también que tanto ella como sus nietas, Paula y Susana, le recordarán siempre con amor y admiración infinitas.

Llamé a la familia el lunes, nada más enterarme del fallecimiento de Eduardo Rodrigo, para darles mi sentido pesar. Y le recordaba desde que llegó a España. Él ya trajo de Argentina estudios de guitarra, armonía y composición, y una titulación como experto en folclore. En este sentido, la primera etapa de su carrera artística se desarrolla en Latinoamérica, donde publicó 20 discos, algunas canciones conocidas como de protesta, y realizó numerosas giras. La primera europea fue en 1970 y, entre otros destinos, incluía España.

Aquí se grabó el poema Los ojos de Charly, premiado en el Instituto de Cultura Hispánica. En 1971 obtuvo el premio de la Crítica del Festival de Almería y, en 1972, el del Festival de Benidorm con su canción A María yo encontré. En 1973 se afinca definitivamente en España, graba discos, compone bandas sonoras para el cine y TVE, y realiza numerosas actuaciones, cosechando grandes éxitos con canciones como la mencionada A María yo encontré, Indio, Por eso te quiero, Uds. Mujeres, etc.

La primera vez que le vi cantando estas canciones (ya era novio de Teresa) fue en Roquetas de Mar, y después y hasta la boda, en 1977, que se hizo en La Cuesta de Gos ante cientos de invitados, nos vimos en muchas ocasiones, hasta que ya Teresa estaba impuesta en canciones para niños, muchas de ellas compuestas por el propio Eduardo.

El espectáculo Una cigarra llamada Teresa se estrenó con gran éxito en 1979, marcando un antes y un después en su carrera. Entre otros inolvidables trabajos junto con Teresa Rabal, destacan también Veo Veo, De oca a oca, Me pongo de pie..., La canción de los sonidos y Palmitas con palmitas. Más tarde estuve conociendo el circo que compraron, donde habían instalado también una escuela para que pudieran estudiar sus hijos y los demás niños de las personas que trabajaban en aquella carpa gigantesca que fue como su propia casa durante varios años.

La última vez que vi personalmente a Eduardo fue en el arranque de su enfermedad, que le vino a aparecer en Murcia, hace unos tres años y medio, y como siempre muy atento, sintiéndose muy agradecido cuando íbamos a verle al hospital y hasta que fue trasladado a Madrid.

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