In memoriam

Miguel Ángel Gutiérrez Cantó, en el buen sentido de la palabra, bueno

23.03.2017 | 10:16

A los 79 años, apenas sobrepasaba, ni siquiera la quincena de la muerte de su esposa, Julita Abbad, falleció Miguel Ángel Gutiérrez Cantó: un hombre machadiano en toda su extensión: en el buen sentido de la palabra, bueno.

Madrileño, pero con raíces yeclanas que venía de la rama materna, Miguel Ángel solo podía ser médico y además cirujano, y encima, cirujano pediátrico. Su padre, Miguel Ángel Gutiérrez Garrido, era uno de los pioneros españoles, como Roviralta, Claret Corominas o Gubern Salisachs en Barcelona, y Monereo, en Madrid, adelantados en donde los niños eran solo operado por especialistas adecuados. Desde Zaragoza llegó con una misión: implantar en Murcia un servicio de Cirugía Pediátrica. Fue en 1975, un año después que Francisco Rodríguez López (DEP), pusiera en marcha el Departamento de Pediatría, como se llamaba entonces la rama infantil, de la Ciudad Sanitaria Virgen de la Arrixaca. Lugar que sirvió de soporte a Miguel Ángel para una tarea ingente. Es una anécdota sangrante que cuando llego a Murcia recibió un nombramiento de jefe de servicio de Cirugía Pediátrica y preguntó dónde estaba dicho servicio, la repuesta fue: no existe, tiene que crearlo.
Pediatría y Cirugía Pediátrica, crecieron juntas. Aparecieron secciones de Neurología Pediátrica, Cardiología Pediátrica y UCI Pediátrica, las primeras que brotaron junto a los nombramientos pertinentes y también, casi un año largo, se inicio Cirugía, ocupando el lugar donde inicialmente era las Urgencias pediátricas. Leonardo Nortes, el primero, después Roqués Serradilla, Jose Ignacio Ruiz Jiménez y en fin una pléyade de personas que están ya siempre unidas a Murcia y por ende a Miguel Ángel Gutiérrez Cantó.
Murcia desde siempre mantiene un Servicio de Cirugía que funciona al menos con la misma velocidad de crucero que le implantó Gutiérrez

Cantó. Un hombre, recordado, repetimos, como una persona buena y un gran gestor y organizador, tarea nada despreciable. Y difícil de ejecutar, cuando existen numerosos ramas en la profundidad del bosque desde su jubilación, no ha llegado a una década, ha vivido sobre todo para su esposa Julita, médico también, y cuyo discurrir, como toda su vida, lo hicieron juntos. Hasta la muerte los ha unido. Descanse en paz por este orden un gran hombre, un gran esposo, un gran padre y un gran cirujano.

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