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Suárez y el Rey: ni contigo ni sin ti

 
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El Rey coge afectuoso a Suárez en una imagen tomada en verano de 2008
El Rey coge afectuoso a Suárez en una imagen tomada en verano de 2008 

El nuevo libro del periodista Abel Hernández aborda la relación, de íntima a gélida con un posterior reencuentro, entre los dos de los personajes más relevantes de la Transición

JAVIER NEIRA. OVIEDO El periodista Abel Hernández acaba de publicar "la historia del chusquero que llegó a duque y del príncipe que llegó a rey", según sus propias palabras. El libro se titula 'Suárez y el Rey'. El hijo de Suárez se ha apresurado a protestar por la foto de la portada -que se reproduce en esta página- de la que es autor y nadie, ha señalado, le pidió permiso para publicarla. Casi se diría que la protesta es una cortina de humo porque el libro, como quien no rompe un plato, contiene unas cuantas cargas de profundidad, sobre todo en relación al 23-F.
La relación de Suárez y el Rey se desarrolló, según el nuevo libro, en tres tiempos bien marcados: encuentro, desencuentro y reencuentro.
Suárez, desde finales de los 50, se veía presidente del Gobierno. Un sueño extraño por temprano e injustificable. El flechazo con don Juan Carlos se produce en Segovia, en 1969, donde era gobernador civil. El hijo del ex presidente ha llegado a decir que "planearon en Segovia y por escrito la estrategia a seguir" cuando falleciese Franco. Al poco, el Príncipe logra que nombren a Suárez director general de Radio Televisión Española. "Es lo único que me ha pedido el Príncipe", confesó Carrero Blanco. Suárez apoya a don Juan Carlos desde los medios con estrategias muy modernas.
La intimidad era máxima, "e trataba de tú, hasta el punto de que luego, cuando ya fue Rey, me costaba trabajo acostumbrarme a llamarle majestad", llegó a comentar Suárez. La comunicación era muy fluida a través de Carmen Díez de Rivera, "que cumplió, entre otros, un papel privilegiado entre Suárez y don Juan Carlos, al que tuvo gran acceso". Influyó mucho en la legalización del PCE.
Apoyado por Fernando Herrero Tejedor -fallecido en un extraño accidente, quizá un atentado, al poco de ser nombrado ministro-, Suárez llega a plantearle a Franco en una audiencia la necesidad de la democracia y el general le responde: "Entonces, Suárez, también habrá que ganar para España el futuro democrático".
Asesinado Carrero, muerto Franco, coronado Juan Carlos y amortizado Arias Navarro, Suárez fue a la Zarzuela en el Seat 127 azul claro de su mujer, en medio de un mar de rumores. Lo pasaron al despacho de don Juan Carlos, "pero el Rey no estaba, se había escondido para gastarle una broma. Salió inmediatamente del escondite y le dijo sin más preámbulos: Adolfo, deseo que me hagas un favor... quiero que seas presidente del Gobierno". Suárez respondió: "¡Uf, ya era hora, Señor!". Después, según el hijo de Suárez, "el Rey sacó aquella hoja de ruta para la democracia que años antes le había entregado mi padre" y le dijo: "Adolfo, ha llegado el momento de que hagamos lo que tú habías dicho".
Pero nada es eterno. Suárez gana las elecciones en junio de 1977 y se siente legitimado. Consulta menos con el Rey. Y tras la aprobación de la Constitución, en diciembre de 1978, encima el Rey pierde competencias. Se cierra la transición, Suárez ya no tiene el apoyo tácito de la oposición -el famoso consenso- y debe gobernar a cara de perro.
Los embajadores despachan con el Rey, Suárez siente celos. Suárez manda, el Rey siente celos. Giscard d´Estaing, presidente de Francia, pasa de Suárez y habla con el Rey, Willy Brandt, canciller alemán, apuesta por Felipe González. Tras las elecciones de 1979, Suárez, según Alberto Recarte, estrecho colaborador suyo, empieza a perder facultades por la presión enorme a que se ve sometido.
El Rey se distancia y los militares no le perdonan la legalización del PCE pero, según Hernández, Suárez cae en picado por la traición de los barones de su partido y por el acoso de los socialistas. ETA se reactiva -1980 es el peor año: la banda terrorista asesina a 92 personas-, Suárez choca con Hassan II, se fotografía imprudentemente con Fidel Castro y Arafat y se niega a entrar en la OTAN; "algunos aventuran incluso que esa fue quizá la principal razón de fondo de la caída de Suárez", anota Abel Hernández en su libro "aunque no parece", añade. El Rey empieza a pensar que le conviene "una pasada por la izquierda".
Como indicó el propio Suárez tiempo después, "el intento de crear un Gobierno de salvación nacional, presidido por un militar y determinados contactos de dirigentes socialistas con generales, estaba en la prensa". Armada, a su vez, ha relatado que en la famosa cena de Lérida, Múgica "me hizo preguntas sobre Sabino Fernández Campo, también me preguntó por Sáenz de Santa María y por algún otro militar. Los socialistas vinieron a examinarme, a ver si yo servía o no".
Sabino Fernández Campo cuenta a Hernández -que lo publica en el nuevo libro- que Armada "mandó al Rey una propuesta consistente en construir un Gobierno de coalición", así que, apostilla Hernández, "existió una propuesta por escrito de Armada al Rey". Ansón cree que "el CESID arbitra la fórmula del Gobierno de gestión aunque la idea inicial es de Carlos Ollero", prestigioso constitucionalista. Incluso Pradera le dice a Recarte: "Avísale al Presidente de que dentro del PSOE se está discutiendo la posibilidad de llegar a un acuerdo con los militares para desplazar a Adolfo del poder. Yo considero que eso es un golpe de Estado". Calvo-Sotelo le llega a decir a Felipe González que "en el golpe blando, en el golpe constitucional, estabais muchos".
Hernández considera que "el error del Rey fue fiarse más, en un momento dado, del general Armada, antiguo secretario de la Casa, que del presidente Suárez". Cree que había tres golpes en marcha, el menos radical estaba diseñado por el CESID para lograr un Gobierno de salvación nacional "con amplio respaldo dentro de los partidos".
Suárez dimitió, fracasó relativamente con el CDS, el Rey se enfadó porque lo hizo duque con la condición, que no cumplió, de que abandonase la política... "el reencuentro con el Rey ocurre cuando comienza el proceso de su decadencia personal" ocasionado por fuertes brotes depresivos e ictus cerebrales: fuma en una iglesia, corta el tráfico, reparte billetes por la calle y acaba demenciado.
El jueves 17 de julio del año 2008 el Rey va a casa de Adolfo Suárez, en Madrid, y le entrega el 'Toisón de oro'. No le reconoce. Ahí está la foto del reencuentro en el que aún se adivina la vieja lealtad que, en palabras de Ortega -dice Hernández- es siempre el camino más corto entre dos corazones.

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