CARLOS GARCÍA
"Alivio", "emoción" y "alegría". Estas fueron algunas de las palabras más empleadas por los familiares de Castor Cordal y Ramón Barreiro, los dos arousanos que fueron asesinados el 15 de septiembre de 1936 tras ser "paseados" durante la represión y cuyos cuerpos han sido localizados en una fosa de Curro. Ayer, mientras los arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica exhumaban sus cuerpos, sus sobrinos relataban las torturas y humillaciones a las que fueron sometidos las dos víctimas y sus familias, aunque felices por poder enterrarlos, al fin, junto a los suyos.
Soportando la intensa lluvia casi sin inmutarse, los sobrinos y demás familiares de Castor Cordal Garrido y Ramón Barreiro Rodríguez observaban con atención cómo trabajaban los arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en un rincón del recinto de la iglesia de Curro, en Barro (Pontevedra). Poco a poco iban dejando al descubierto los esqueletos de dos personas, uno tendido boca abajo y otro boca arriba, dentro de la fosa común abierta para ellos por los vecinos de este pueblo hace ya 73 años. Estas familias están a punto de ver cumplido un anhelo que persiguen desde entonces: que estos dos jóvenes asesinados durante la represión franquista puedan descansar junto al resto de sus seres queridos en los cementerios de Cambados y Sisán, Ribadumia, de donde eran originarios.
En el corazón de O Salnés es donde empieza, en el año 1936, esta trágica historia que, por desgracia, se repitió demasiadas veces en otros muchos puntos de Galicia y España durante aquellos meses. Elena Barreiro, sobrina de Ramón Barreiro, explica que su tío entonces contaba sólo 19 años. Su "pecado" fue ser "poeta y escritor".
Una vez muerto, los asesinos de Ramón Barreiro todavía tuvieron tiempo para mutilarlo cortándole el dedo en el que llevaba una sortija con una tijera de podar. También se llevaron una chaqueta. Sus allegados nunca más supieron del paradero del cadáver hasta que hace unos meses la Asociación de la Memoria Histórica les indicó que podía estar enterrado en Curro. Ni tan siquiera supieron durante años si estaba vivo o muerto, ya que los represores quisieron prolongar la incertidumbre de las familias asegurando que ambos habían huido a Portugal.
Sin embargo, los hermanos de la otra víctima, Castor Cordal, un electricista cambadés –en concreto de Corbillón– sabían que esto no era cierto y que su hermano había sido asesinado.
Una hermana de Castor todavía vive. Tenía 9 años cuando lo mataron. Pese a que era su deseo, su edad le impedía estar ayer en Curro mientras los restos de su hermano eran exhumados. No obstante, una sobrina de Castor, Luisa Cordal, relataba todo lo que ella les contó a lo largo de su vida.
Está previsto que hoy finalice la exhumación. Aunque todas las pruebas encontradas indican que los cadáveres pertenecen a estas dos personas (así como mutilaciones que presentan los esqueletos y que permitirían identificar los cuerpos), los restos mortales serán trasladados al laboratorio de la ARMH en Ponferrada en donde se identificarán de forma fehaciente antes de entregarlos a sus familiares y que por fin los puedan enterrar en sus cementerios, un proceso que, calculan, puede tardar aproximadamente un mes.