EUROPA PRESS
Después de que la banda terrorista ETA asesinara el jueves a dos jóvenes guardias civiles, ayer la isla vivió algunos de sus momentos más tristes. Sobre las 9.30 horas, el presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy llegaron al Palacio de la Almudaina para visitar la capilla ardiente de los dos agentes fallecidos, Diago Salva Lezaun y Carlos Sáenz de Tejada. Posteriormente, los Príncipes de Asturias fueron los encargados de presidir el funeral correspondiente. Además, para reconocer la labor de los dos agentes fallecidos, Zapatero les impuso la Cruz de Oro al Mérito de la Guardia Civil a título póstumo y el ayuntamiento de Calviá anunció que les concederá la Medalla de Oro del municipio y que les designará calles con su nombre.
A primera hora de la mañana, Zapatero llegó a la capilla ardiente con un coche oficial. En seguida, salió a recibirle el presidente del Govern, Francesc Antich. Por su parte, Rajoy aparcó su vehículo a unos cien metros y entró en compañía de la presidenta del partido en Baleares, Rosa Estarás. Posteriormente, acudieron familiares de los agentes fallecidos, otras personalidades políticas y los Duques de Palma de Mallorca junto con la Infanta Elena. La capilla ardiente permaneció abierta hasta las 12.30 horas, momento en el que los cuerpos fueron trasladados a la Catedral de Palma, donde, abarrotada de gente, el arzobispo castrense, monseñor Juan del Río Martín, ofició un funeral presidido por los Príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Letizia, que posteriormente dieron el pésame a los familiares de los fallecidos.
Durante el funeral, el arzobispo castrense destacó que la "muerte prematura, en plena lozanía de juventud, no es un castigo, sino todo lo contrario" y, además, recordó a los miembros de la Guardia Civil y a sus familiares que "no están solos" y que "no tengan miedo".