La Murcia que se nos fue

San Francisco, Las Colmenas y Faroles en la Platería

06.10.2016 | 13:08
Alberto Castillo

COLMENAS ILEGALES
Curiosa esta reclamación, recogida en las actas capitulares de la ciudad, en el año 1759 donde los confiteros se quejan de la gran cantidad de colmenas que hay en las casas particulares y que afectan a sus negocios por la continua presencia de las abejas. La reclamación se expresa en estos términos: «El Concejo ve el memorial de Francisco Reynel y José Reynel, vecinos de esta ciudad de Murcia y maestros veedores del gremio de confiteros de ella. En el presente memorial informan sobre los irreparables perjuicios que se les causan con el motivo de haber en muchas casas de esta población colmenas, en contravención de las ordenanzas de este Ayuntamiento, sin poder trabajar en su ejercicio a causa del asedio que padecen en sus tiendas y obradores por la gran cantidad de abejas que acuden a ellos. Se solicita del Concejo la actuación contra este gran número de colmenas en los domicilios y mayor control sobre las mismas ya que, el gremio de confiteros, no puede trabajar en las condiciones necesarias».

SAN FRANCISCO, MUY POPULAR EN LA HUERTA DE MURCIA
El día cuatro de octubre, tal día como hoy que aparece nuestra sección semanal, se celebra la festividad de San Francisco de Asís. Un santo al que, en la huerta de Murcia, se le ha tenido un cariño especial siempre. Incluso se recurría a él cuando una persona tenía dolores de cabeza pues consideraban, a san Francisco, como abogado contra ese dolor. En los cantares y refranes populares, los huertanos, dedicaron muchos de ellos al santo de Asís. Recopilados, gran cantidad, por Martínez Tornel y publicados en el Diario de Murcia estos son algunos de los más populares: Esta haciendo alusión a las santas llagas del fundador de los franciscanos. «San Francisco es más que Dios, en cuanto a las llagas digo, que al santo se las dio Dios y a Cristo los perros judíos». Otra de amores para una moza: «Mucho quiero a san Francisco, porque tiene cinco llagas, pero más te quiero a ti, que Facorrica te llamas» y siguen las de amores: «San Francisco milagroso, tiene to er cuerpo llagao, lo mesmico tengo yo, pero por estar enamorao». También hace referencia el periodista de Patiño a una curiosa «oración», si se la puede llamar así, que a modo de jaculatoria las abuelas recitaban en sus rezos y oraciones al santo de Asís. La verdad que, de puro simple, incluso nos puede causar risa. «San Francisco flor de flores. Paere de predicaores, ermitaño de la Luz, que lleva bandera y cruz. Quien te diga esta oración, todos los viernes del año, sacará un alma de pena si reza un santo rosario. Quien la sabe y no la dice, se tocará las narices. Quien la oye y no la aprende, cuando venga el día del juicio, ya verá lo que se pierde».

LUZ EN LAS CALLES DE MURCIA
Tal día como hoy del año 1778, hace doscientos treinta y ocho años, se hizo el primer ensayo de alumbrado público en la ciudad de Murcia. Fue la noche del día cuatro de octubre, festividad de San Francisco, la fecha elegida para las preceptivas pruebas. Se encendieron los faroles a la noche siguiente, la del día 5. Este primer ensayo se realizó en toda la calle de Platería donde se colocaron seis faroles que fueron pagados por los vecinos. Al poco tiempo, y también pagados por los particulares, se fue aumentando el número de faroles no solo en Platería sino en Trapería, San Cristóbal y calle adyacentes. Años más tarde, en 1802, encontramos referencia exacta al alumbrado de la ciudad siendo Corregidor don José Palacio Urdáis. En ese año, según los datos del propio Concejo, tenía la ciudad 946 faroles que debían encenderse doscientas noches al año pues, las restantes, con la luz de la luna era suficiente iluminación. Aunque se hacía la salvedad de que, si la noche de luna estaba nublado y no se veía con claridad, deberían encenderse los «dichos faroles» para que las calles no permanecieran en tinieblas. Con este tipo de iluminación estuvo esta ciudad más de sesenta años ya que no sería hasta el año 1867 cuando, Murcia, estrenara en todas las calles del centro el alumbrado de gas.

SIMON GARCIA
En el castizo barrio de san Juan y muy próxima al centro de la ciudad se encuentra la calle de Simón García. Muy conocida en el callejero urbano sin embargo pocos saben quién fue en realidad Simón García, que mereció el reconocimiento de la ciudad. Doctor en Filosofía y Letras, Licenciado en Derecho Civil y Canónigo, Vice-Director del Instituto Provincial de Murcia, Profesor de Geografía, Historia Universal e Historia de España y Académico de la Real Academia de Historia. Nacido en Alhama de Murcia, de humilde familia del campo, pronto despuntó por su inteligencia. Fue su maestro el que recomienda que continúe estudios y alcance enseñanzas de grado superior. Los padres no lo dudaron y lo enviaron a Madrid con no pocos sacrificios económicos. Alumno distinguido de Emilio Castelar (presidente de la 1ª república), alcanzó el doctorado en Filosofía y Letras y las licenciaturas en Derecho Civil y Canónigo. Con tan solo 23 años fue director del Instituto de Guadalajara. Más tarde ganó la catedra de Retórica y Poética del Instituto de Navarra. Cuando Castelar, su maestro, fue depuesto de la Cátedra y sacada a concurso-oposición, fue ganada por Simón García en oposición a Miguel Morayta (historiador republicano y alto personaje en una logia masónica). El ilustre catedrático Simón García fue republicano por afección a su maestro Castelar y por convicción, demostrándolo cuando Castelar volvió de su retiro y renunció a su cátedra, con el fin de que Emilio Castelar volviese a ella. Volvió a Murcia, pues no aceptó el ofrecimiento del Gobierno de adjudicarle la primera cátedra vacía en la Facultad de Letras de la Universidad de Madrid. Ocupó la cátedra de Geografía e Historia del recién creado Instituto en Murcia, cuya subdirección desempeño a lo largo de 30 años. Simón García murió repentinamente de un ataque al corazón el jueves 9 de mayo de 1901 precisamente cuando iba a salir de su casa para dirigirse al instituto. En el año 1919 y ante las peticiones, tanto de alumnos del antiguo instituto como de vecinos del barrio de San Juan, la comisión de policía urbana de la ciudad de Murcia, decidió que se le diera nombre a la calle de la antigua Corredera para inmortalizar su memoria.

LA RELIQUIA DE LA LECHE DE LA VIRGEN MARIA
La Catedral de Murcia atesora, entre otras reliquias, una preciosa joya que puede ser admirada en la actualidad en su museo, procedente de Nápoles, donde se conserva según la tradición unas gotas de la leche de María con la que amamantaba al Niño Jesús. Esta curiosa reliquia tuvo el valor, durante muchos años, de obrar el milagro de la «licuación» pues en su honor se celebraba misa mayor el día de la Asunción y en sus vísperas se producía el «milagro» de la licuación para volver al estado sólido pasada la octava y cuando la sagrada reliquia era devuelta al tabernáculo en la capilla de los Vélez pues, fue esta familia, la que la trajo de Nápoles, para ser adorada en la Catedral de Murcia. Parece ser que fue el Papa quien regaló al Virrey de Nápoles, el Marques de los Vélez, la custodia conteniendo el preciado líquido. En el año 1765, en un acta del Concejo, se da cuenta de la historia de la reliquia y se pide, al Corregidor, que se interese por el estado de la leche de la Virgen. «El 27 de julio del año del señor de mil setecientos y sesenta y cinco, Don Juan Ignacio Navarro, Regidor, hizo saber a este Ayuntamiento que le consta que en la Santa Iglesia Catedral y magnifica capilla que, en ella, con la advocación de San Lucas, posee como dueño y patrono el Excelentísimo Señor Marqués de Villafranca y los Vélez y Duque de Montalvo, se venera, reservada todo el año en su tabernáculo y custodiada bajo cinco llaves de las que tiene la primera dicho señor Don Juan, en virtud de poder especial y singular confianza de Su Excelencia, una pequeña parte de la leche de María Santísima, Nuestra Señora, que en virtud de breve pontificio se extrajo de la que se conserva en Nápoles a solicitud y petición del Excelentísimo Señor Marques de los Vélez que entonces era, Virrey de aquel reino, cuya santa reliquia se trajo a dicha capilla por los Capitulares comisarios que envió a Madrid el Cabildo de esta Santa Iglesia en los pasados años de mil setecientos y quince o mil setecientos y dieciséis, haciéndose en su recibimiento las fiestas públicas y demostraciones de culto, veneración y regocijo, según consta por los testimonios que se custodian en dicho tabernáculo. Cada año se continúan manifestando dichas demostraciones a dicha santa leche de María Santísima, recibiéndola el Cabildo y Preste con música y palio en su capilla, desde donde la llevan procesionalmente al altar Mayor, la víspera de Nuestra Señora de la Asunción en cuyo día asiste la Ciudad a la misa y función solemnísima que se celebra, manteniéndose la santa reliquia los ochos días siguientes adorándola el pueblo con la mayor devoción a la vista del repetido prodigio que se admira cada año de ver que dicha santísima leche sale del tabernáculo coagulada y, acabadas las vísperas, se licua y se mantiene así la octava con admiración de los fieles y al último día que vuelve a reservarse en su sagrario que ven cuantos la adoran que la sagrada leche se coagula de nuevo». El discurrir del tiempo ha hecho que este milagro se olvide y la importancia que tuvo la reliquia también. Si bien hemos encontrado una clara referencia al milagro, en pleno siglo XX, en las páginas del diario 'El Liberal'. Concretamente en 1928, señalaba el periódico que «la sagrada ampolla» era uno de los tesoros más originales de la Catedral y la situaba aún en la capilla de los Vélez. Hasta hace unos años se celebraba una misa para conmemorar el milagro, aunque nadie recuerda si se repetía el milagro de la licuación.

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