Iniciativas

Un viaje solidario hacia Atenas

Cinco murcianos aterrizan en la capital griega como voluntarios en uno de los tantos campos de refugiados del país

22.08.2016 | 08:47
Un viaje solidario hacia Atenas

Espíritu colaborador. Desde Murcia hasta Ritsona, Atenas. Este es el viaje que ha realizado el sacerdote más activista de la Región, junto a cuatro colaboradores, para ayudar a las miles de personas que viven diariamente el peso de la guerra y de la pobreza, en uno de los innumerables campos de refugiados de Grecia.

A lo largo de la historia, la Región de Murcia ha dado sobradas muestras de solidaridad en aras de socorrer y ayudar a los más necesitados. Han sido muchas situaciones adversas, bien por catástrofes naturales o producidas por la mano del hombre, en las que los murcianos se han volcado por el bien de los más necesitados. Para continuar con ese espíritu humanitario, esta semana, un equipo de personas formado por el conocido sacerdote Joaquín Sánchez y por sus colaboradoras Teresa Fuentes, Alba Marco y Marga Garrido, pusieron rumbo a Grecia para integrase como voluntarios en uno de los innumerables campos de refugiados repartidos por el país heleno.

Es el campamento situado en la localidad de Ritsona, a unos 400 kilómetros de Atenas. En una pinada, lejanos a cualquier núcleo de población, más de mil personas sobreviven a un futuro incierto para ellos y sus familias. Gestionado por el Ejército del Aire Griego, Ritsona se ha convertido en un campo donde se concentran refugiados que han huido de la guerra y del hambre y que buscan un lugar seguro donde educar en paz a sus hijos.

«Se trata de personas acogedoras, hospitalarias, que abren sus vidas y nos permiten entrar en ellas desde la amistad, el respeto y el cariño», destaca Joaquín Sánchez, quien insiste en que «rechazan todo tipo de violencia y les duele enormemente cuando se les identifica con el terrorismo. Nos piden que sepamos transformar las alambradas con concertinas en puentes de encuentro y de prosperidad, que los veamos como personas que quieren a sus hijos y que solo buscan un lugar donde el estruendo de las bombas y el dolor que provocan se conviertan en sonrisas y en la alegría de compartir la vida», señaló Teresa Fuentes, que también afirmó que estas personas «nos expresan con lágrimas en los ojos que no los olvidemos y nosotros hemos adquirido ese compromiso».

Joaquín Sánchez, o Joaquín el Cura (así se le conoce y así le gusta a él que le llamen) cree que la sociedad debe ser «muy crítica con la política internacional», ya que, a su juicio, «condena a miles de personas a no tener futuro. Es la política de la Unión Europea de decirles a estas personas que en Europa no tienen ningún futuro».

Para el cura activista, estos lugares donde se refugian los sirios son siniestros. «Yo les llamo campos de concentración, pues concentran a la población dentro de un recinto que está absolutamente controlado». A través del móvil y del whatsapp, este sacerdote de 54 años va contando lo que ve y lo tremendo de la situación. «Aquí no hay desagües y muy pocas duchas. La alimentación es escasísima, sobre todo para los bebés. Y cuando llueve o hace mal tiempo, todo se complica con unas tiendas de campaña viejas y muchas de ellas rotas. Además, la intimidad de los moradores es nula».        

Sánchez culpa de esta situación a las grandes potencias: «Los grandes gobiernos quieren que haya silencio y procuran que permanezcan invisibles y nos olvidemos de ellos, porque para la Unión Europea, para Turquía y para Estados Unidos esta gente sobra. Es más, para la Unión Europea, los refugiados sirios no tienen derecho a venir. Y para que se den cuenta de ello han sido confinados en campos de concentración. Este es el futuro que tenéis, el de la pobreza y la miseria. Una vergüenza europea a la que contribuyen las instituciones de la UE y los gobiernos», enfatiza el sacerdote, que no deja de recordar lo que vivió en su anterior viaje, hace unos meses, al campo de Kasistkas, también en Grecia: «Un niño herido por una bomba; no hay médicos ni ambulancias; ese hijo con un grito desgarrador en brazos de su padre que es consciente de la inminente muerte del niño. Y la única solución que pide es que algún vecino o alguien de la familia coja una almohada y lo ahogue. Esto es real. Por piedad o por caridad muchos padres se ven obligados a pedir que lo maten para acortar su sufrimiento. Así de duro y terrible».

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