La Murcia que se nos fue

El 'Brasero del Santo Oficio', Salzillo y el crimen de la calle Victorio

Además, un recuerdo a la Inquisición en el siglo XVI, "el periodo más cruel de la historia de Murcia"

19.05.2016 | 15:57
El 'Brasero del Santo Oficio', Salzillo y el crimen de la calle Victorio

CRIMEN EN LA CALLE DE VICTORIO
Como ya hemos referido en anteriores ocasiones, los crímenes y asesinatos durante el siglo XVIII se suceden en Murcia con demasiada frecuencia y el Concejo comienza, a lo largo de la segunda mitad del siglo, a contabilizarlos y dar cuenta de ellos en las actas. Estas referencias a la violencia antes de esa fecha, apenas si quedaba constancia a no ser que fueran casos muy sonados y que llegaran a alterar el orden público. Uno de esos crímenes que, por cierto, quedó impune fue el que se cometió en la murciana calle de Victorio, en el barrio de Santa Eulalia, en el mes de octubre de 1783. En acta consta lo siguiente: «A las dos de la tarde del día once, es horrible y traidoramente asesinado en la calle de Victorio de la ciudad de Murcia, Ginés López, un muy valiente y gran soldado de marina que se había distinguido en la expedición y desembarco realizado en la isla de Santa Catalina, con motivo de la guerra de las colonias portuguesas en el año de 1776. Se desconoce motivo y autor de la horrible muerte del bravo soldado español».

ACCIDENTE EN LA PROCESIÓN DEL CORPUS DE SAN MIGUEL
En junio del año 1800 se celebra la festividad del Corpus Christi el jueves día doce de dicho mes. A partir de la procesión principal, que era la de Santa María, se celebran otras dentro de la conocida como ´Octava del Corpus´ que, saliendo de otras parroquias y conventos, recorren los barrios de la ciudad. Ese año salió por primera vez a la calle la procesión de la ´octava´ desde la parroquia de San Miguel de la ciudad de Murcia y sufrió un accidente que consternó a la ciudad. En las actas capitulares se da cuenta de ello. «El día 12, jueves, salió la procesión general del Corpus desde Santa María. Al día siguiente, 13, por la tarde se hizo la de Capuchinas y por la mañana la de San Antonio. El 14, sábado, por la mañana la primera vez en San Bartolomé. El domingo 15, por la mañana, la de San Pedro no salió por haber llovido el sábado por la tarde y no saliendo entonces la de San Diego. El lunes día 16 salió la de San Antolín a la tarde. El martes 17, en la tarde, salió la primera vez en San Miguel, pero hubo un importante contratiempo en ella. Llevaron al Santo Arcángel prestado del convento de la Trinidad. La vuelta la dio de San Miguel a las Capuchinas por el callejón de la Almazara a la calle Zambrana, La Merced a la calle de ese nombre, plaza de Santo Domingo a la calle de Capuchinas y en esa calle se cayó el Santísimo bendito y se hizo pedazos, aunque rápidamente se recuperó la Sagrada Forma con el Cuerpo de Cristo. La sagrada custodia quedó destrozada».

DEMOLIERON EL CONTRASTE
El Contraste era un noble edificio ubicado en la plaza de Santa Catalina de la capital murciana que se empezó a construir en el año 1601. Sendas lápidas en sus puertas principales hablaban de su historia: «La M. Noble y M. Leal Ciudad de Murcia mandó hacer esta obra, siendo Alcaldes Ordinarios en virtud de Reales Privilegios, el Capitán Alonso Pagán de Oria y don Pedro Lázaro de Monreal, y Alguacil Mayor, don Gregorio de Lisson. Año de 1601».

En la lápida ubicada en la antigua ´plaza de las Carnicerías´ (también conocida después como plaza Díaz Cassou), y hoy plaza de Las Flores, se leía: «Murcia mandó hacer esta obra para Sala de Armas, Siendo Corregidor D. Diego Sandoval; Capitán principal de hombres de armas de los Guardias de Castilla por Su Majestad. Año de 1604». Pues bien, este noble e histórico edificio fue derribado sin miramiento alguno pese a ser Monumento Nacional. El 12 de mayo de 1922, la Comisión Provincial de Monumentos Artísticos, en vista de que se corría, por la ciudad, la noticia de la demolición de esta antigua Sala de Armas se dirigió al Ministerio de Instrucción Pública y de Bellas Artes, solicitando fuese declarado dicho edificio, Monumento arquitectónico-artístico conforme a los preceptos de 4 de marzo de 1915.

Pasada dicha solicitud a informe de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades de España, en virtud de los dispuesto en el Real Decreto de 25 de agosto de 1917, esta entidad dictaminó en sentido favorable a la citada pretensión de los murcianos y formuló propuesta en tal sentido fundamentada en las razones que en la misma se expresaban y dejando constancia de tratarse de una obra con más de trescientos años de antigüedad de un valor extraordinario para la ciudad de Murcia.

De conformidad con la citada propuesta y examen del edificio, el Contraste, por Real Orden del 4 de noviembre de mil novecientos veintidós fue declarado ´Monumento Nacional´.

Sin embargo por los años 30 del siglo XX, el Ayuntamiento cedió los derechos a la Diputación Provincial para cancelar deudas que mantenían con la Administración Provincial. El Contraste, sin contemplaciones y pese a ser Monumento Nacional, fue derruido. Y aquí no pasó nada€ Tratándose además de un monumento de esas características y que, por Ley, no se podía tocar.

NACIMIENTO DE FRANCISCO SALZILLO
El pasado jueves día 12, del presente mes de mayo, se cumplieron trescientos nueve años del nacimiento, en Murcia, del insigne escultor Francisco Salzillo Alcaraz. La partida de bautismo se encontraba en la entonces parroquia de Santa Catalina en el folio sesenta y ocho del libro sexto y lo reflejaba de esta forma:

«En Murcia a doce días del mes de mayo de mil setecientos y siete años. Yo el Beneficiado José de Córcoles Villar, cura propio de la iglesia parroquial de Santa Catalina de esta ciudad, bauticé a Francisco Antonio José Gregorio, hijo de Nicolás Salzillo y de doña Isabel Alcaraz; fue su padrino don Francisco José de Herrera, a quien advertí el parentesco espiritual y en fe de ello lo firmé. El Beneficiado, José de Córcoles Villar».

LA INQUISICIÓN EN EL SIGLO XVI. EL PERIODO MÁS CRUEL DE SU HISTORIA EN MURCIA
Murcia fue una de las ciudades donde el Tribunal de la Santa Inquisición actuó con mano dura, especialmente durante el siglo XVI. Fue, entre los años 1557 y 1568, un triste periodo de once años donde, los inquisidores, condenaron a numerosos murcianos acusados de herejía. Unos estudiosos apuntan a la especial crueldad del Inquisidor Mayor que no tenía piedad con ninguno de los reos. Otros hablan, incluso, de la intransigencia de los Padres Dominicos de la ciudad que eran especialmente duros con quienes no abrazaban la «fe verdadera» y, por último, tenemos autores que justifican las altas cifras de penados y ajusticiados por tratarse, Murcia, de una de las ciudades donde mayor convivencia había en ese momento entre las tres grandes religiones monoteístas y que, incluso, tanto judíos como mahometanos no habían sido «hostigados» como había ocurrido en otras partes del reino y aquí convivían en paz y armonía.

Lo que sí es cierto es que, los inquisidores, pidieron al Concejo lugar apropiado para «montar el brasero» que no era otra cosa que la pira donde serían quemados los reos. Las autoridades murcianas donaron parte del Arenal, una explanada frente al río, y muy cerca además del llamado Alcázar de Enrique III, que se había concedido para sede el Tribunal del Santo Oficio.

El trayecto desde la cárcel de la Inquisición a la hoguera era relativamente breve e, incluso, posibilitaba a los miembros de la Inquisición seguir las ejecuciones desde los mismos ventanales del Alcázar.

La actuación de los inquisidores, a lo largo de esos once años, fue tremenda y aquí dejamos los datos encontrados y que se refieren a ese periodo. Uno de los periodos más duros y crueles del Tribunal en la ciudad de Murcia.

«Por auto del 7 de junio de 1557 fueron arrojadas a la hoguera once personas y se consiguieron cuarenta y tres reconciliaciones con la fe de Cristo tras juicios sumarísimos. El día 12 de febrero de 1559 fueron quemadas, en el brasero del Arenal, treinta personas y cinco en efigie. Se consiguieron cuarenta y cinco reconciliaciones con la fe verdadera. El 4 de febrero de 1560 fueron arrojadas al fuego catorce personas. Ejecutados veintidós en efigie y se ejecutaron veintisiete penitencias severísimas (no se especifica en que consistían estas penitencias que las actas recogen como «severísimas»).

El 8 de septiembre del mismo año, 1560, fueron quemadas y murieron en la pira diecisiete personas. Fueron ejecutados en efigie ocho y se asistieron a cuarenta y ocho condenados a penitencias severísimas. El día 15 de marzo de 1562 fueron quemadas en el "brasero" veintitrés personas y se efectuaron setenta y tres penitencias. El 20 de mayo de 1563 se quemaron vivas a diecisiete personas más cuatro en efigie. Hubo cuarenta y siete penitentes con distintos castigos que cumplieron públicamente. En el año siguiente, 1564, se quemó a una persona en el «brasero» y a once en efigie. Se hicieron cuarenta y ocho penitencias públicas.

A 9 de diciembre de 1565 se quemaron a cuatro personas, dos en efigie y cuarenta y seis penitencias en plazas públicas de la ciudad. El 8 de junio de 1567 murieron quemadas vivas seis personas y hubo sesenta y ocho penitencias.

Y a 7 de junio de 1568, el año más duro en castigos de todo el periodo, se quemaron vivos en el ´brasero de el Arenal´ veintiocho personas y treinta y ocho hicieron diferentes penitencias por toda la ciudad».

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