Sucesos

El pastor belga que mató a su dueño en Beniaján le había atacado con anterioridad

Juan Antonio Hernández, herrero jubilado, murió desangrado fuera de su casa de la huerta

16.05.2016 | 04:00
Tras el levantamiento del cadáver, el fallecido fue trasladado al Instituto Anatómico Forense.

Juan Antonio Hernández Sánchez, herrero jubilado de 70 años y vecino de Beniaján (Murcia), se había acercado a la casa de su difunta madre en la huerta para dar de comer a sus tres perros y vigilar sus plantaciones. Terminó sus tareas, se cambió de ropa y se disponía a regresar al pueblo cuando, describen fuentes cercanas al fallecido, el más grande de sus canes, Rocky -un pastor belga mestizo y no un pit bull como informó el 112 a este diario-, se revolvió contra él y le atacó por razones que todavía se desconocen. Las mordeduras causaron heridas mortales y el dueño falleció desangrado pocos minutos después en el exterior del domicilio, situado en los números 16 y 18 de la Mota del Reguerón.

Nadie pudo hacer nada por su vida. Ni siquiera Abu Faye, quien mora en la vivienda desde hace años y que descansaba «medio dormido» cuando empezó a escuchar los gritos de auxilio de Juan Antonio y los gruñidos del perro. Salió al pórtico y sorprendió al animal mordiendo a su propietario en el suelo, según narró el propio Abu Faye a Efe.

Fue precisamente Abu Faye quien llamó a las 20.35 horas de la tarde del sábado al número de emergencias, el 112, para alertar de que el perro «estaba muy agresivo» y que había atacado a su amo. Sin embargo, cuando llegaron los servicios sanitarios a la carretera de Beniaján, procedentes del ambulatorio del barrio del Infante, el médico sólo pudo certificar la muerte de Juan Antonio Hernández.

También acudieron al lugar de los hechos agentes de la Policía Nacional y Local, quienes intentaron abatir al animal. «Le dispararon dos veces», aseguraba Faye, pero acabaron metiéndolo «en una jaula». Y es que, finalmente, dos empleados de la perrera municipal capturaron al can y lo trasladaron a sus dependencias, según confirmaron fuentes policiales y municipales.

Después del levantamiento del cadáver, ordenado en la noche del sábado, la víctima fue trasladada al Instituto Anatómico Forense de Murcia para la autopsia. Ya en la tarde de ayer, el fallecido permanecía en el tanatorio Servisa, en la carretera de Santa Catalina.

"Ladraba a todo el que pasaba"

No era la primera vez que el perro se lanzaba contra Juan Antonio: lo había hecho con anterioridad, según el relato de Abu Faye, oriundo de Ambur (Senegal) de 43 años, y que desde 2008 habita en la casa a cambio de mantener las plantaciones de limoneros. «Era un perro agresivo y ladraba mucho a todo el que pasaba por allí», aseveraba.

Faye reconoció que también había sufrió un bocado del can, en 2013, y dijo que «le daba miedo salir de la casa cuando Juan Antonio soltaba al perro, que normalmente «estaba encerrado». Y es que su dueño solía dejarlo suelto «un rato» y sin correa por dentro del recinto de la finca.

No es una raza peligrosa

La raza del perro no se pudo confirmar cuando se conoció la noticia, en torno a las nueve y media de la noche. El Centro de Coordinación de Emergencias anunció inicialmente que la víctima había sido atacada por un can de raza labrador. Media hora después, corrigió su comunicado y señaló que se trataba de un pit bull terrier, así como mencionaba que «había sido abatido a tiros por la Policía Local». Finalmente se corroboró que fue un pastor belga y, en concreto, mestizo.

Se trata de una raza que no está incluida entre los ocho canes estipulados como perros peligrosos, según recoge el decreto 287/2002, que desarrolla la ley 50/1999 sobre el régimen jurídico de la tenencia de animales potencialmente peligrosos.

"Muy querido en el pueblo"

El fallecido era viudo, padre de un hijo y dos hijas, vivía en la calle Obreros Tana y se había jubilado hace ocho años, cuando dejó de desempeñar su trabajo en su herrería ubicada en la zona de Los Griñanes, en la Mota del Reguerón, y que fue expropiada por las obras del tren de Alta Velocidad.

«Juan Antonio era una persona afable y abierta, y muy querida en el pueblo», describe el pedáneo de Beniaján, Francisco Hernández. «Se había recuperado recientemente de una enfermedad y tenía muchas ganas de vivir. Estaba fenomenal», añade antes de concluir: «La huerta era su distracción».

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