El lugarico

Provisiones reales de Juana I de Castilla

20.02.2016 | 04:00
Retrato de Juana I.

La primera orden real fue decretada por la reina Juana I, en Salamanca, el 23 de enero de 1506, firmado también por su padre, Fernando 'el Católico' y Felipe I de Austria, trata de una orden al regidor de Murcia para que resuelva una denuncia de Antón Abellán contra el regidor Pedro de Soto, hijo de la señora de La Puebla, al que acusa de dañar las heredades de la huerta con su ganado «cabruno», en incumplir las leyes de su carnicería de su lugar de La Puebla ('Documentos de Juana I de Castilla y el Rº de Murcia', de Antonio Gomariz Marín).

El segundo mandato de la reina, con otra provisión real -Madrid, 18 de abril de 1510– «emplaza a Dª Catalina de Cascales, Sra. de La Puebla de Murcia» y viuda del comendador Rodrigo de Soto, para que explique la razones por las que ha demandado a los hijos del difunto regidor Martín Riquelme ante la justicia eclesiástica del arzobispado de Valencia (Rodrigo de Borja), por muchos agravios de estos, «con las muertes, escándalos y derribos de casas en la dicha çibdad», que perjudicaron a sus hijos «menores y huérfanos», y por la que se dan cartas de excomunión. Se puede entrever, leyendo el documento, que son los inicios de la fuerte lucha entre Riquelmes y Sotos por el poder social en Murcia, y que seguirán durante los reinados de Carlos I y Felipe II.

El 25 de mayo, en Madrid, reitera en una «sobrecarta» al corregidor que debe cumplir Dña. Catalina de Cascales la orden anterior de hace un mes y por el mismo motivo. Se da una amenaza para la señora de La Puebla: «Mandeys de mi parte, e yo por la presente, le mando a la dicha Cathalina de Cascales, que dentro de veynte días primeros siguientes? se presentase ante mí, en el Consejo Real, como dicho es que vos de fianças de lo asy hazer e conplir, vos mando que le prendays e cuerpo a la dicha Cathalina e presa. A buen recabdo, la enviad ante mí, al mi consejo, en la mi Corte y encarcelada, e no se parta de ella syn mi licencia e mandado, so la dicha pena».

No sabemos si ante la reina 'Loca' Catalina de Cascales tuvo algún tipo de castigo o S.M. y su consejo la consideraron inocente. Ya que en la siguiente provisión real, dada el 8 de junio de 1510, en Madrid, emplaza ante el Consejo Real a los herederos del regidor Martín Riquelme, en seguimiento con las sentencias dadas, contra Catalina de Cascales, madre del citado regidor Pedro de Soto.

Se consideran las sentencias contra Catalina muy injustas y por ello las va a revocar, hasta la sentencia definitiva. La parte sentenciada trae unas pruebas irrefutables ante la reina, por lo que tendrían que alegar y, además, pagar 10.000 maravedíes.

En este grave contencioso estaba también involucrado D. Juan de Ayala, señor de Albudeite, por considerar que la pena de este era muy liviana. Estamos ante el inicio del grave enfrentamiento (peleas, asesinatos, inquisición, etc.), entre el linaje Soto-Puxmarín contra los Riquelme y en los que la «sucia sangre judía o morisca», será utilizada como arma arrojadiza, para conseguir el poder y defenestrar al enemigo.

Por ello, el 23 de julio de 1510, en Madrid, se le requieren las costas del pleito a Catalina Cascales por la demanda de Diego Riquelme y la madre de Carlos I, rey emperador, ordena a su consejo estudie las diferentes demandas y litigios, y la pague el que decida el órgano competente. También, que el corregidor haga que se ejecuten las sentencias dictadas por el licenciado Juan Ortiz de Zárate.

No solo por la muerte del regidor Martín Riquelme sino también por las mutilaciones de su hija Ángela –que le cortaron una mano (Burgos, 19 de noviembre de 1511)–. Habría de pagar a los hijos del asesinado y a la mutilada Ángela Riquelme 200.000 maravedíes, pues no se había podido ejecutar por irse al sitio de Orán, el licenciado Zárate.

En Segovia, el 7 de septiembre de 1515, hay una provisión real, para Ortiz de Zárate, ya alcalde de Murcia, para proceder contra Rodrigo Puxmarín y Soto (hijo de Francisca de Soto), señor de La Puebla y futuro fundador de La Raya de Santiago, en 1545, por atacar a un alguacil con la espada y liberar a un preso que llevaba y que huyó a un lugar perteneciente al obispo de Cartagena: Alcantarilla.

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