La Murcia que se nos fue

Un leño llamado Nochebueno

El año 1822 es otro año duro para la historia de España. Una vez más, ciudades, pueblos, aldeas y caseríos, calles y plazas son escenarios donde hermanos contra hermanos se enzarzan en guerras y disputas

22.12.2015 | 19:08
Un leño llamado Nochebueno

Nuestro Padre Jesús Nazareno "sudó sangre"
El año 1822 es otro año duro para la historia de España. Una vez más, ciudades, pueblos, aldeas y caseríos, calles y plazas son escenarios donde hermanos contra hermanos se enzarzan en guerras y disputas. No llegó a ser catalogada como ´guerra civil´, pero sí una lucha cruel de los partidarios del absolutismo de Fernando VII y los llamados ´constitucionalistas´ defensores de las libertades promulgadas por la Constitución de Cádiz, la Pepa, sancionada por las Cortes en aquella ciudad diez años antes, en 1812. El enfrentamiento entre liberales y realistas era cada vez más cruento. Murcia, lógicamente, no se quedaba fuera de esta confrontación y en nuestra provincia, cada día, se daban cuenta los constitucionalistas que su ocaso estaba próximo y que el absolutismo era cada vez más fuerte. El avance de estos, en lo que a Murcia se refiere, era imparable.

En esas disputas políticas andaba la población de la capital cuando en el mes de abril de aquel año, el día seis, se corre el rumor de que Nuestro Padre Jesús Nazareno está sudando sangre.

La ciudad se conmueve ante tan insólita noticia. Desde que fuera entronizada en el año 1600 la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, perteneciente a la Cofradía del mismo nombre, gozaba de una devoción especial y se le ofrecían novenas y cultos. Se le sacaba en rogativa e incluso su túnica llegó a ser colgada de la torre de la Catedral para conjurar epidemias y terremotos. Tal era la fe que los murcianos, desde el siglo XVII, profesaban a la imagen.

Al saberse la noticia, la población, corrió rauda hacia la plaza de san Agustín. Se aprovechó el tumulto para infiltrarse, también, los realistas con sus gritos de ´vivas y mueras´ al Rey y contra la Constitución. De ese día tenemos el testimonio de don Manuel Martínez de Ayala, Alcalde tercero de la ciudad, que relata cuanto vio: «Tuve noticias de que estaba invadida la plaza en San Agustín por una gran masa de ciudadanos que quería penetrar en la ermita para ver a Nuestro Padre Jesús sudar sangre. Entré en el interior de la citada ermita donde ya había llegado el Jefe Político. Se desalojó el templo y luego la plaza, por todos los medios que nos dicta la prudencia en semejantes casos, y aun sufriendo los dictados de masón, judío asqueroso y otros de ese jaez. Pero no tardó en aparecer otro grupo numeroso que nos gritaba «¡Masones, ya viene el señor Obispo a recibir el sudor de Jesús Nazareno!» Lo que ocasionó nuevos tumultos, pero el Obispo no se presentó. Se hizo la noche y todo quedó en paz pues las gentes abandonaron la plaza».

Como quiera que este ´milagroso´ acontecimiento podría generar problemas mayores e incluso enfrentamientos personales el Alcalde de Murcia, Manuel Ximénez de Zadava y Lisson, se dirige al Obispo a fin de que, por los medios que aconseje la prudencia, contenga en la medida de lo posible el influjo que pueda tener en las gentes sencillas de la ciudad y la huerta este posible milagro. No se hizo esperar la respuesta de la autoridad eclesiástica que se expresó en los siguientes términos: «Hemos instruido a los fieles en la Iglesia de San Juan, sobre las funestas consecuencias de su credulidad, excitada acaso por la codicia de algunos, la irreligión de otros, o por ideas y planes subversivos que, para desgracia de todos, se advierten en estos tiempos que vivimos. No pierda cuidado su Excelencia que, desde las iglesias se hacen llamamientos a la calma y que no se repitan los desmanes que sucedieron en la de san Agustín con motivo de estos hechos».

Y ahora viene lo curioso del ´milagro´ que, por supuesto, nunca existió. Todo partió de los absolutistas, los partidarios de Fernando VII, para que mientras la población se concentraba en San Agustín y el pueblo tenía que ser frenado en su ímpetu por las fuerzas del orden público, ellos intentarían el asalto a la cárcel de San Isidoro donde se encontraban presos, por el gobierno liberal, más de cincuenta individuos partidarios del absolutismo y sujetos peligrosos que la autoridad judicial había privado de libertad por haber cometido numerosos delitos contra los constitucionalistas y el municipio.

Por tanto, no fue tal el milagro del Nazareno y sí una estrategia, fallida, de los partidarios de Fernando VII para sacar de la cárcel a sus correligionarios mientras, los constitucionalistas, andaban ocupados en frenar el ímpetu de la multitud tras la noticia de que la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús había sudado sangre.

EL NOCHEBUENO
En la huerta de Murcia se llamaba así al gran leño que se cortaba por la mañana del día de Nochebuena al objeto que estuviera ardiendo toda la noche, durante la cena y a lo largo de la madrugada, y en cuyas brasas se asarían también las castañas. Este ´nochebueno´ era, preferentemente, la ´cruz´ de una morera seca, previamente seleccionada, que cortaban el padre y los hijos de la familia con las primeras luces del alba.

NOCHEBUENA ERA VIGILIA
A finales del siglo XIX y primeros años del XX el 24 de diciembre era vigilia. No se podía comer carne «porque la Virgen estaba de parto». Era uno de los días de ayuno y abstinencia prescritos por la Iglesia como penitencia. En ellos se hacía una sola comida fuerte al día, aunque sin carnes, permitiéndose en las horas vespertinas la denominada colación nocturna, consistente en una cena muy frugal para mantener las fuerzas hasta el día siguiente. Así, en los hogares de la huerta, se servían esa noche verduras hervidas, frutas y castañas asadas en las brasas del hogar. Pero la Nochebuena tenía una particularidad: después de la misa del gallo, se volvía a cenar y esta vez sin las restricciones de la víspera (ya que la obligación del ayuno y la abstinencia había cesado desde la medianoche y ya era el día de Navidad) A esto se le solía llamar el ´resopón´ navideño. Esta ´segunda cena´, que se solía hacer tras asistir a la misa del gallo, consistía desde una chocolatada con tortas de pascua o mantecaos y otros dulces caseros hasta una verdadera y propia cena de varios servicios, según el apetito y las posibilidades de las familias. Se daba el caso en familias de la huerta o el campo donde, incluso, se asaban los primeros trozos de pavo antes del tradicional ´cocido con pelotas´ del día de Navidad. Con los cambios en las celebraciones, y la liturgia, en la mayor parte de los días de penitencia, desapareció la obligación de ayunar y abstenerse también en la llamada vigilia de Nochebuena. El antiguo ´resopón´ posterior a la misa del gallo pasó a reemplazar a la gran cena familiar del 24 convertido en la tradicional de Nochebuena y siempre antes de las doce de la noche. Algunos estudiosos afirman que la presencia hoy, en nuestras mesas, de mariscos y pescados es la reminiscencia de aquellos tiempos de abstinencia.

NOCHEBUENA EN EL TEATRO
Encontramos una curiosa publicidad que nos ha enseñado cómo pasaban la Nochebuena las clases acomodadas en la Murcia del siglo XIX. Se pasaban la tarde en el teatro.

El 24 de diciembre de 1862, se anuncia, gran función de ´Noche Buena´ en el Teatro de los Infantes de la ciudad (el actual Romea) con la representación de la comedia en dos actos Una Maraña y el juguete cómico El maestro de escuela. Como reclamo de esta representación del ´juguete´ se añade en el programa que «las señoras de la compañía cambiaran de sexo». El conocido como juguete era un género teatral muy en boga en el siglo XIX. Subgénero dentro del Género Chico y fueron piezas teatrales compuestas en un acto.

Pero volvamos a la tarde de Nochebuena. Se anuncia que, en el intermedio del segundo al tercer acto, habrá un bonito baile con polkas, machichas, garrotín etc. Terminado el baile, sigue diciendo, entre la concurrencia se rifará un décimo de la lotería de Navidad (cuyo premio si sale ganador será de veinte mil duros) De segundo premio un pavo y de tercero una pava. La orquesta finalizará la velada ejecutando los típicos villancicos navideños para que los asistentes se puedan felicitar «las pascuas».

EL VIDRIO DE CARTAGENA
Con motivo de estas celebraciones, en casi todos los hogares, se ponen sobre la mesa vajillas, cristalerías y cuberterías de la mejor calidad, así como manteles y servicios que, seguramente, solo salen de armarios y cajones una vez al año: cuando llega Navidad. Algo parecido sucedía, en el siglo XIX, con el más que afamado ´vidrio de Cartagena´ que, por cierto, se adquiría por la nobleza y las economías más saneadas. Su fama era tal que traspasó las fronteras nacionales y obtuvo numerosos premios y reconocimientos en certámenes internacionales.

Cartagena tuvo esta especialidad del vidrio en la fábrica de Tomas Valarino Gattorno un cartagenero emprendedor que consiguió que sus obras de arte en vidrio recorrieran el mundo. Una de las claves estuvo en la calidad del producto para cuya elaboración se utilizaba en la composición de la pasta del vidrio la sosa vegetal que se cultivaba en los propios campos cartageneros. La fábrica de cristal de Valarino abastecía a la nobleza de Madrid y a muchas casas de clase acomodada de la capital. Toda la zona sur de la península era también servida en exclusiva por la fábrica cartagenera y ya, fuera de nuestras fronteras, se exportaba a Orán o Argelia en grandes cantidades que, a su vez, eran distribuidas desde allí a medio mundo.

Sus productos consiguieron numerosos premios y reconocimientos internacionales. La fábrica Valarino obtuvo la medalla de oro en Madrid con motivo de la exposición celebrada por los Amigos del País en 1841. Al año siguiente se le otorgó la gran Cruz de Carlos III. En 1878 mención de honor en la gran Exposición Universal de París. Gran Diploma de Honor en la exposición de Madrid de 1883, Medalla de Oro en la de Barcelona en 1889 y la de oro también en la de Murcia del año 1900. Eso por citar solo algunas de ellas ya que allá donde acudían sus productos tenían el reconocimiento de todo el mundo. En aquel siglo XIX, a la hora de servir una gran mesa para banquetes o celebraciones, era un signo de distinción y gusto infinito comprobar que los anfitriones utilizaban ´vidrio de Cartagena´ como se le conoció en todo el mundo. Años más tarde, nacería la de cerámica ´La Amistad´ cuyos creadores y propietarios fueron los mismos que la de vidrio, pero de esta hablaremos en otro momento.

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