OLGA LÓPEZ TORRES
Tiene unos 50 años y viste un elegante traje de chaqueta. Pelo engominado y zapatos impolutos, como recién estrenados. De esa guisa, entra a los bares. Escoge establecimientos normales, sin lujos, pequeños bares de comida típica de Murcia. Y se presenta como un auténtico caballero, tiende la mano y dice su nombre y sus apellidos, José Luis González, asegura llamarse. Después explica al propietario del bar que es médico y que trabaja en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital Morales Meseguer.
«Quiero celebrar una comida para treinta médicos en el bar», le dice al propietario, detallando el menú que desea. A veces incluso explica que quiere reservar una cena por un congreso médico, y el número de comensales supera el centenar. Con la excusa de la degustación, pide que le inviten a algunos platos. El dueño del bar, agradecido porque la comida que acaba de contratar aumentaría notablemente sus beneficios del mes, le sirve alimentos y bebida en abundancia. Termina la comida y abandona el bar, pero antes deja al dueño del local un número de teléfono fijo para localizarle.
El día fijado para el evento, el propietario del local lo tiene todo preparado: alimentos comprados y cocinados y, en algunos casos, incluso camareros contratados. Pero cuando llega la hora de la comida, nadie aparece por allí.
El empresario invierte un dinero que nunca recupera porque se trata de un timo. Y una decena de bares de Murcia han sido estafados por este médico falso, que en las últimas semanas ha actuado en restaurantes de los barrios de La Flota y de El Ranero.
Algunos han denunciado ante la Policía a este falso doctor del timo. También ha informado a los agentes la persona a la que corresponde el número de teléfono que el médico de mentira facilita en los bares. Se trata de la clínica de un médico maxilofacial muy conocido en Murcia, que en los últimos meses ha recibido decenas de llamadas de propietarios de bares que le preguntan cuándo va a acudir a la comida, que tienen la mesa puesta para veinte personas.
El dueño de la clínica dental, R. P., está harto de llamadas y ha puesto el asunto en manos de la Policía. Mientras, tiene que cargar con los lamentos de los empresarios, que se enteran por él de que el médico que 0 es un impostor.