REBECA MARTÍNEZ
El balance que hace el Centro de Inserción Social Guillermo Miranda en su primer año de funcionamiento es muy positivo. Las plazas para realizar trabajos en beneficio de la comunidad, como medida alternativa para cumplir una pena, se han multiplicado, reduciéndose a la mitad el número de sentencias de este tipo que estaban pendientes por falta de medios para su ejecución.
El centro Guillermo Miranda fue construido hace un año con «el sueño de acoger a internos que estuvieran cumpliendo pena en régimen abierto y permitir su integración en la sociedad, de la que no debieron salir nunca, haciendo que se sientan libres y autosuficientes», afirmó ayer el delegado de Gobierno de la Región, Rafael González Tovar, con motivo de la celebración del primer aniversario de la institución. En la actualidad, el centro cuenta con 201 internos en estado avanzado de reinserción en la sociedad que realizan diversos programas y talleres organizados tanto dentro como fuera de sus instalaciones gracias a la colaboración de asociaciones como Paréntesis, Diagrama y Asape, con larga experiencia con reclusos.
Entre los talleres que se realizan dentro del centro hay actividades ocupacionales, que permiten a los internos aprender labores artesanales de pintura, dibujo o cristal, y cursos formativos donde pueden estudiar informática, inglés o lengua española. A estas actividades se suman además las realizadas en el exterior con el programa Integra, a través de la entidad La Caixa, que ofrece a los residentes actividades deportivas, terapéuticas y lúdicas.«Unas medidas orientadas sobre todo a acompañar a los residentes, a escucharles y a enseñarles a moverse por sí sólos en la sociedad y sus instituciones», dijo el director del centro, Enrique Boronat.