RAQUEL GALLEGO
«Para mí no hay nada como el Carnaval. Fíjese que estaba enfermo. Llevo cuatro meses malo y aquí me ve, desfilando. El viernes fui al médico y me dio el alta. Yo creo que me he curado tan pronto por las ganas que tenía de salir», comentaba ayer Francisco Alarcón, un carnavalero del grupo del Centro Social de la Tercera Edad que lleva 60 años disfrazándose. «Los jóvenes de ahora no saben divertirse. Deberían de aprovechar esta fiesta para disfrutar de la vida», decía mientras bailaba parte de la coreografía de la primera comparsa que desfiló ayer por las calles de Cabezo de Torres.
Un poco más atrás, en el grupo Me sacas de quicio se encontraba Adriana Molino, una niña de 3 años que nació en carnavales y que no se ha perdido en su corta vida ni un solo desfile. «Le encanta esta fiesta. Le pongo su traje y le sale una sonrisa», reconoce su madre, Raquel Bernabé, que también forma parte de esta comparsa.
«Lo más bonito de los carnavales es el ambiente y la unión de la gente. Yo llevo diez años saliendo y sin lugar a dudas me quedo con esas dos cosas. Es maravilloso», apuntó Bernabé.
Por su parte, Juan Carlos y Lorenzo, del grupo Los Trastornaos, aseguraron que lo mejor de esta fiesta es que «es diversión pura. Durante una
semana todos los vecinos del pueblo lo dejamos todo a un lado y nos dedicamos a disfrutar de nuestro Carnaval».
Miles de personas acudieron ayer por la tarde al desfile de Cabezo de Torres, que por primera vez cambió su itinerario y comenzó en el centro de salud. En total, 37 comparsas hicieron las delicias de los asistentes, quienes disfrutaron con el colorido de los trajes y las coreografías de los carnavaleros. Eso sí, fueron muy pocos los que se atrevieron a lucir un disfraz. «Siempre visto a mi hijo. Yo, cuando era pequeña también me disfrazaba, pero con la edad, me da más vergüenza», aseguraban varias de las asistentes.