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MARGA JIMÉNEZ-FONTES La unión hace la fuerza y así debían de pensar los vecinos y amigos de Loko Olalekan, padre de familia, en el paro, y sin dinero para hacer frente a la hipoteca. El peor momento para una familia se iba a vivir ayer, a las once de la mañana, en el barrio de Los Rosales, en El Palmar, cuando un funcionario del Servicio de Notificaciones y Embargos de Murcia hiciera acto de presencia para efectuar el desahucio de esta familia nigeriana.
Sin embargo, más de cien personas se atrincheraron en las escaleras del bloque e hicieron una barrera humana para que el desahucio no se hiciera efectivo. Mientras, en el interior de la casa, permanecían nerviosos Loko, su mujer Elisabeth, y sus tres hijos María (8 años), Michael (6) y Ana (4).
No se explicaba como en España existe una ley «tan dura». «Llevo viviendo aquí doce años y siempre he trabajado», comentaba Loko a los medios de comunicación que se dieron cita en su domicilio. De estos doce años, el padre ha trabajado durante diez años y cinco meses, tal y como reflejan los documentos de su vida laboral, que él mismo mostraba con gran indignación. «Siempre he pagado la hipoteca, pero hace casi dos años que me quedé en el paro y no puedo seguir pagando», aseguraba Loko con la tristeza y la rabia impregnada en sus ojos.
Hasta septiembre de 2009 Loko trabajaba como empleado en al empresa de golosinas Fini. Sin embargo la situación de crisis que se vive en todo el mundo, hizo que fuera despedido. Antes, este joven padre de familia lograba salir adelante trabajando en numerosos oficios, destacando el de la construcción. Al quedar en el paro, Loko cobró durante cuatro meses la ayuda del paro, tiempo en el que confiaba en conseguir de nuevo un puesto de trabajo. Pero la suerte no lo acompañó y vio como sólo le quedaba la ayuda de 426 euros, una cantidad «con la que no puedo pagar la casa y dar de comer a mi familia».
A las once en punto se personaron en el domicilio, acompañados por dos agentes de la Policía Local, funcionarios del Servicio de Notificaciones y Embargos de Murcia. Los gritos de los vecinos, amigos y miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de El Palmar, que portaban decenas de pancartas en contra del desahucio, dieron la voz de alarma. Loko abrazó a su familia y sólo pensaba en que no lo sacaran de su
casa. Una casa decorada con el árbol de Navidad y en la que, quizá, no podría pasar las fiestas navideñas en familia.
Loko se lamentaba de haber elegido España para labrarse un futuro. «En Inglaterra o en América si tienes una casa y te quedas en el paro, te dan ayudas o incluso dejan que no pagues hasta que tengas trabajo otra vez», aseguraba Loko. Asimismo, confesaba entender a aquellos que pierden la cabeza y hacen cosas malas por culpa de la crisis y por no tener dinero para hacer frente a los préstamos hipotecarios. «Yo soy católico y jamás mataría a mi familia para quitarme un problema, pero por culpa de los bancos hay gente que se vuelve loca y lo hace».
Los minutos iban pasando y mientras se intentaba lo imposible, vecinas de la familia nigeriana, emocionadas, decían no entender como «se puede hacer esto con una familia trabajadora». «Los bancos no tienen alma y lo que están haciendo es un crimen», aseguraba una mujer con lágrimas en los ojos.
La tristeza se convirtió pronto en alegría cuando el taxi con los funcionarios se iba, dejando atrás a más de cien personas abrazándose y celebrando la victoria de una batalla, pero no de una guerra. La familia de Loko sabe que dentro de poco les volverá a llegar una notificación informándoles de la próxima fecha del desahucio. Mientras tanto, feliz, el matrimonio espera «pasar una Navidad en familia».
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