C. G.
El desahogo expresado por el padre de José Antonio Gálvez, el vecino de Patiño muerto a manos de su primo la tarde del pasado sábado, tiene más de una lectura para muchos de los vecinos y amigos del fallecido, que ayer expresaban su rabia e impotencia por lo que consideran "un linchamiento" obsceno y desproporcionado a su memoria.
Sus conocidos aseguran que la mala relación con su padre viene de muy lejos. "Su padre nunca ha querido a José Antonio. Siempre ha tenido dinero, pero a su hijo jamás le ha dado nada. Además, están pintando a José Antonio como si fuera un borracho y una mala persona, y eso es mentira". María explica que su amigo sufrió mucho por la relación de sus padres durante los últimos años de vida de su madre. Y eso él lo llevaba fatal".
Para Inmaculada, amiga del fallecido, otra de las claves del odio de José Antonio hacia su padre deriva de las trabas que su padre siempre puso para que éste se hiciera con la custodia de su hija: "Él siempre ha luchado para que su niña viviera con él". Inmaculada explica que el fallecido tuvo una hija hace 12 años. "La madre de la criatura perdió su custodia muy pronto y José Antonio nunca paró de intentar recuperar a su hija. Gastó muchísimo dinero en abogados y siempre la visitaba en el centro de acogida. Le había solicitado muchas veces a su padre que le ayudara a recuperar a la niña, y cuando estaba a punto de lograrlo, éste le denunció alegando que era un borracho y se quedó con su guarda y custodia".
Uno de los episodios más desagradables se produjo la pasada Nochebuena, cuando José Antonio pidió a su padre que dejara que la niña comiera con él. Según el relato de Inmaculada y María José, también amiga del fallecido, su padre se negó. "Cogió a la niña y se la llevó a Alicante". José Antonio respondió apedreando los cristales de la vivienda de su padre. Sus amigas creen que se dejó llevar por la rabia de no ver a su hija.
El bar Liza, situado a unos 200 metros del escenario del crimen, es el lugar en el que José Antonio se solía reunir con sus amigos. Es también el último sitio en el que estuvo antes de morir. Juan Antonio, dueño del establecimiento, explica que el fallecido solía beber, "pero no emborracharse". Dice también que la tarde de su muerte tomó un café y dos copas. Y se pregunta por qué hay gente en el pueblo que está conviertiendo esta historia en un circo. "Ha habido un asesinato, y el que lo ha hecho lo tendrá que pagar, ¿no?". Otra de las amigas de José Antonio asegura que "su hija le pidió a su abuelo que no fuera a la manifestación en apoyo a su sobrino. Y que cuando lo vio por la televisión le dio un ataque. Se vino corriendo para el bar. La vimos tan mal que llamamos a una ambulancia".
Otro vecino de Patiño recuerda que la relación entre padre e hijo era complicada. "José Antonio le hizo la puñeta muchas veces. Y había ocasiones en las que se ponía un poco mal cuando bebía. Lo que ha pasado es terrible y ahora lo que toca es olvidar". Este hombre, que no quiere dar su nombre, reconoce que estuvo en la manifestación de apoyo a Antonio porque es "muy buena persona". Para otra vecina el asunto está más claro: "Antonio debería estar libre muy pronto".
A pocos metros del crimen
Las disputas entre José Antonio y su primo Antonio también vienen de lejos, según los amigos del fallecido. "Su primo tiraba escombros en la parcela que José Antonio cultivaba con permiso del dueño", tío de ambos. "Nosotros íbamos todos los sábados a almorzar allí. Y no era la primera vez que Antonio le buscaba las cosquillas. Además, la tarde del crimen, un amigo de José Antonio estaba a 30 metros dándole de comer a los caballos. Y él nos ha prometido que no escuchó ninguna discusión, ni ningún grito de socorro. Nada".