CARLOS GARRIDO
Antonio nunca había tenido un arma de fuego presionándole con el cañón una de sus mejillas. Y María Emilia y Nicolae jamás habían sido encañonadas. Hasta la noche del pasado domingo, cuando él, propietario de la pastelería Mejías de Zarandona, y ellas, empleadas de la misma, fueron asaltadas por un hombre "violento y muy nervioso" que empuñaba una pistola. El individuo robó 1.800 euros de la caja, huyó en bicicleta y fue detenido 15 minutos después frente al hotel Nelva con parte del botín sustraído.
María Emilia relataba ayer a mediodía el susto apunto de llorar. Ella y el propietario acababan de regresar al establecimiento después de pasar toda la mañana declarando en comisaría. Allí no dudaron al ver la ficha policial del atracador, al que reconocieron como el hombre que les había hecho pasar "el peor trago de sus vidas".
La empleada, con una herida en la frente y bastante afectada todavía por la violencia del suceso, explicaba nerviosa la secuencia del asalto: "Yo estaba recogiendo la terraza porque íbamos a cerrar ya. Vi que llegaba un chico en bicicleta, que se detenía y que la aparcaba junto a la pastelería. No le di importancia y seguí limpiando las mesas. A los pocos segundos me agarró de la melena y me golpeó con la pistola en la frente. Casi me muero del pánico. No lo pude evitar y empecé a gritar, ¡Antonio! ¡Antonio! ¡Ayúdame! Mi compañera Nicolae, se quedó paralizada, y también empezó a chillar histérica".
El asaltante entró en el establecimiento arrastrando a María Emilia de la cabellera y apuntando a la otra trabajadora con la pistola. Antonio se encontraba en el obrador recogiendo cuando se sobresaltó al escuchar los gritos de sus trabajadoras. "Pensé que había entrado un perro y que les había mordido. Lo último que imaginaba es que nos estuvieran atracando. Salí hacía la cafetería y me encontré de golpe con el atracador, que llevaba la mitad de la cara tapada con una braga. Éste soltó a María Emilia y me apuntó con el arma".
En ese momento, las dos empleadas se refugiaron tras su jefe. "No paraban de chillar. El chico parecía muy nervioso. Sólo decía, el dinero, dame todo el dinero. Yo me encontraba aterrado. Me temblaban las piernas, pero tuve la sangre fría de aguantar el tipo y traérmelo hacia la caja." Ese fue el momento que aprovecharon mis dos empleadas para salir por la puerta trasera y pedir ayuda".
Antonio cuenta que estaba tan "atacado" que le dio al atracador hasta las notas con los encargos pendientes de la pastelería. "Se llevó la recaudación de todo el día. Yo no me separé de la caja. Él empezó a retroceder caminando de espaldas hacia la puerta. Cuando estaba ya en la calle, hizo el amago de volver a entrar. Yo le dije que no había más dinero. Entonces, cogió su bicicleta y se marchó". La huida del ladrón, vecino del Polígono de la Paz y con antecedentes penales por robo y tráfico de drogas, fue muy corta. El dispositivo policial dio con él frente al Hotel Nelva. Los agentes le dieron el alto y éste tiró su bicicleta y salió corriendo en dirección a la carretera de Puente Tocinos. Uno de los policías temía que el delincuente usara la pistola y se abalanzó sobre él, resultando ambos heridos. El arma usada en el atraco no era de fuego, sino un revólver con balines de compresión. El acusado, que también portaba un destornillador y un cuchillo será juzgado esta misma mañana.