MANUEL G. TALLÓN
Cuarenta y siete años, más de la mitad de su vida, arreglando a la Virgen de la Fuensanta, cambiando sus mantos, limpiando sus joyas, poniéndole flores. Pilar de la Cierva Kirkpatrick, madrileña de nacimiento y camarera de la patrona de Murcia desde 1963, recibió ayer el título de Hija Adoptiva de la Ciudad de manos del alcalde, Miguel Ángel Cámara. ¿Qué siente por la concesión de esta distinción?
Mucho agradecimiento a todo el mundo, al alcalde, a los concejales, a quienes han hablado bien de mí para que reciba este galardón y, por supuesto, a la Virgen de la Fuensanta, aunque debo decir que yo simplemente he cumplido con mi obligación con gusto, el mismo que siento por la gran acogida que me han dispensado en el Ayuntamiento.
En tantos años al lado de la Virgen habrán sido miles las vivencias. ¿Cuáles son los momentos que recuerda con más satisfacción?
Es cierto que en todos estos años he vivido momentos muy alegres y ninguno con pesar acompañando a la Virgen en tantas y tantas romerías, pues todas son diferentes y todas magníficas. Me quedo, ante todo, con la respuesta de los murcianos en cada uno de esos traslados de la imagen de la Virgen y especialmente emocionante es siempre su llegada a la Catedral y a su Santuario.
¿Cómo definiría el sentimiento que los murcianos tienen para con su patrona?
Es un sentimiento puro de fe cristiana y de devoción.