"Esas tres casas son nuestra vida. Cada peseta que hemos reunido la hemos utilizado para ir haciéndolas poco a poco". En estas palabras se resume el dolor y la desesperación de esta familia, que ahora ve cómo unas viviendas construidas por ellos mismos pueden dejar de ser suyas. Sonia y Vanesa se dedican a vender fruta en los mercados y parte de la mercancía que comercian se guarda en una de las tres casas edificadas en el terreno que ha salido a subasta.
"Nosotros no entendemos de leyes y de todo lo que nos está pasando y confiamos en que el abogado pueda ayudarnos, porque todo ha sido un error", comentan las hermanas. Aseguran cumplir mensualmente con el pago de 800 euros del préstamo y, además, la hermana pequeña está haciendo frente a otra hipoteca del piso en el que vive con su marido. "No sabemos lo que haremos como nos quiten las casas, pero vamos a luchar hasta el final", añaden.