C. GARRIDO
La madrugada del pasado viernes 18 de diciembre fue la más fría de lo que va de invierno. Esa noche nevó en el entorno de Murcia y las temperaturas fueron negativas en la ciudad, pero ni con esas condiciones de frío extremo se llegaron a ocupar las 200 camas que el albergue de Jesús Abandonado tiene disponibles para acoger a los indigentes.
Lo explica Daniel López, responsable del centro de acogida, que confirma que "durante todo el invierno han sobrado entre 15 y 20 camas por noche, incluso en las madrugadas de temperaturas muy bajas". López cree que esto se debe a que muchos de los sin techo que transitan por la ciudad prefieren dormir en casas de amigos o en otros albergues. "Sí que tenemos 52 indigentes residentes que viven de forma habitual todo el año. El resto de camas son las que usamos para los que vienen y van". Al albergue acuden también a diario muchos sin techo a asearse. "Tenemos un cupo de 60 duchas. Se les da ropa, jabón y toalla". Lo cuenta Asensio Bastida, recepcionista del centro de acogida, que asegura que para él los visitantes "son como mis clientes, quizá la cara más amable que conocen de la ciudad", y que explica que muchas familias búlgaras y rumanas que residen como okupas en las casas abandonadas del entorno se acercan a diario para hacer uso de las instalaciones.
Por su parte, José Morales, responsable del Servicio de Emergencia Móvil (SEMAS) del Ayuntamiento, asegura que "no hay ningún sin techo que haya fallecido en la calles de Murcia por el frío este invierno". Según Morales, sí que se conoce el caso de un indigente politoxicómano que ingresó en un hospital de la ciudad, "aquejado por diversos problemas médicos", y que falleció en el centro tres días después. El SEMAS realiza semanalmente patrullas de apoyo a los sin techo en las que se les reparten mantas y líquidos calientes, y se les ofrece la posibilidad de acercarles al albergue.