CARLOS GARRIDO
El salón de plenos del Ayuntamiento bullía ayer cerca del mediodía con el ruido propio de los días grandes. No faltaba nadie. Cada silla tenía su dueño. Y sus dueños no dudaron. Todos los representantes de los máximos estamentos locales y regionales acudieron multitudinariamente a este acto de 'murcianía' total. Pero el bullicio de la sala desapareció cuando a las doce en punto Carlos Valcárcel Mavor atravesó el umbral del salón principal del consistorio del brazo de su mujer, Mari Cruz Siso, y de su hijo Ramón Luis, presidente regional. La familia Valcárcel al completo rompió el silencio con un aplauso. Aplauso que se contagió entre el resto de asistentes al nombramiento de su patriarca como Hijo Adoptivo de Murcia.
El alcalde Miguel Ángel Cámara abrió el acto recordando el incansable trabajo de Valcárcel Mavor en favor de las costumbres populares y la Semana Santa de su ciudad. Y el periodista, nacido en Cieza hace 88 años, respondió usando palabras llenas de emoción para agradecer el reconocimiento. El Cronista Oficial de la ciudad y escritor ofreció -sin apoyarse en texto alguno- un discurso cargado de 'murcianía' para agradecer su adopción: "Vivo uno de los momentos más emotivos de mi vida. Jamás pensé que esto pudiera suceder. Agradezco el reconocimiento. Reconocimiento que me hace sentir lleno de honra, honor y orgullo porque siempre he vivido en Murcia, con Murcia, por Murcia y para Murcia". Valcárcel Mavor recordó que siempre ha intentado comprender las tradiciones murcianas desde su raíz. "Soy un murciano más. Pero un murciano que ha tenido la maravillosa oportunidad de estudiar y transmitir la esencia y valores religiosos y populares murcianos en la prensa y en los numerosos libros que he escrito". Su hijo Ramón Luis evocó emocionado su infancia. Infancia guiada por ese padre "que nos enseñó a valorar, vivir y disfrutar" las tradiciones de la Murcia más antigua. "Con él, mis hermanos y yo hemos saltado bancales y acequias, jugado al escondite con la luna hasta encontrarla, amado y practicado nuestra Semana Santa, así como vibrado y llorado con los auroros, esos hombres que rezan cantando y cantan rezando".