MANUEL MADRID
Jesús Abandonado es un buen indicador para medir el alcance de la crisis económica en la ciudad de Murcia y, ante los datos facilitados por el presidente del patronato de la Fundación, José Fernández López, la situación no es precisamente halagüeña. En apenas un año han pasado de dar 450 servicios al día a 750 y, según Fernández López, las colas no se acaban, ya sea para comer, ya sea para pernoctar en el albergue -tiene 100 plazas- de la carretera de Santa Catalina. Además, acaban de terminar de reformar la cocina del comedor de la calle Barahundillo, en pleno centro de Murcia, que tendrá capacidad para ofrecer mil comidas diarias.
Y han empezado las obras para ampliar el comedor, que ocupará prácticamente toda la planta baja de la Tienda Asilo. "Es una barbaridad, pero estamos atendiendo a todo el mundo que pide nuestra ayuda", explica el presidente del patronato. "Y no sólo estamos dando de comer y ofreciendo una cama para dormir. Procuramos atender a las personas como se merecen, con dignidad, orientádolos, escuchándolos, por eso tenemos a un equipo de asistentes sociales contratado y a nuestros voluntarios que hacen un gran servicio. Es fundamental que una persona no se encuentre sola en la vida", dice.