Alfonso X El Sabio (Toledo, 1221-Sevilla, 1284) vivió en Murcia una de sus primeras experiencias políticas. Siendo aún Infante, sustituyó a su padre, Fernando II el Santo, haciéndose cargo de la campaña de conquista del Reino de Murcia (1243-1245). Casado con la Infanta Violante de Aragón, el monarca siempre estuvo muy unido a esta ciudad, donde pidió ser enterrado. Finalmente, las circunstancias hicieron que muriera en Sevilla y que allí quedara su cuerpo. Su corazón, aunque él quería que fuera llevado a Jerusalén, vino a Murcia y permanece en la Catedral.
Alfonso X fue siempre un rey controvertido, aunque ahora parece que nadie discute que fue el monarca decisivo de la modernización de los reinos hispanos del XIII y una de las figuras indiscutibles de la Europa de su momento.
En un texto del vasto catálogo de la muestra, el profesor Manuel González Jiménez define a Alfonso X como "el monarca más universal y brillante que produjo la Edad Media hispánica, tanto por la amplitud de sus conexiones, por la vastedad de su cultura, por el hálito renovador de sus leyes como por la generosidad y ambición de sus empresas artísticas y culturales". Afirma González Jiménez que "fue un rey controvertido, en vida y en muerte" y lamenta que, para muchos historiadores haya podido más "el triste final de su reinado, abandonado por muchos, traicionado por su hijo Sancho y negado como rey por buena parte de su reino".