MANUEL MADRID. PARÍS
No hay nada mejor para innovar que ir en contra de las reglas, y en París salta a la vista en cualquier esquina porque el adoquín es cada día una pasarela para siete millones de parisinos. Una ciudad-escaparate donde mirar es lo único que no se paga. La quincena de empresarios de la Cámara de Comercio de Murcia que se han desplazado a la cuna de la moda europea tuvieron ayer una jornada de ajetreo en Le Marais. Este barrio, próximo a Notre Dame, es un centro comercial abierto, un laberinto sin prohibiciones para los adictos a la moda donde las tiendas más chic y bohemias conviven con librerías, sinagogas, iglesias, galerías, cafés y 'bistros' de ambiente gay y cientos de aparcabicis.
En Le Marais la diferencia la marca 'Merci', el comercio más de moda: no tiene escaparate, porque todo en realidad es un espectáculo. Se accede al interior por una floristería o por un biblioteca-café. Una vez dentro, ropa de marcas como Yves Saint Laurent junto a prendas vintage -de segunda mano- puede aparecer colgada en jaulas, obras de arte, motos con sidecar, sobre elefantes de madera, en el estudio de un pintor... Un universo multicolor e impredecible que deja boquiabierto ya que todo parece escogido para que el cliente se sienta como alguien único sólo por descubrirlo.
Igual de sorprendente es la fórmula de los grandes almacenes Lafayette, en el barrio de la Ópera, que ha recurrido al cineasta David Lynch ('Twink Peaks') para convertir su fachada y escaparates en obra de arte. El resultado es abrumador y las visitas se han multiplicado. La exposición 'Máquinas, abstracción y mujeres' no pasa desapercibida y ha colocado al centro en la agenda de los turistas. Una iniciativa que, con artistas locales, podría recuperarse para animar las tiendas del centro de Murcia.