IRENE TOMÁS / J. R. GÓMEZ
Un coche patrulla de la Policía Local se trasladó al número 3 de la calle Pico de la Panocha en el barrio de Santa María de Gracia el pasado sábado, alertado de una agresión en una tienda de ultramarinos.
Al llegar, los agentes se encontraron una peculiar escena: tres jóvenes de etnia gitana se encontraban en la puerta del establecimiento, uno de ellos con una herida en el brazo, mientras que, dentro, el dependiente, de origen chino, blandía un cuchillo para cortar el jamón.
Los chicos, de entre 16 y 17 años de edad, aseguraban que el el tendero les había atacado con el cuchillo porque habían estado sacando fotos con el teléfono móvil al interior de la tienda. El chico herido fue trasladado al hospital, mientras que el tendero era detenido y llevado a comisaría.
Aunque la agresión era más que manifiesta, las razones quedaban un poco en el aire, más aún teniendo en cuenta que el único testimonio con el que se contaba era el de los menores, ya que el empleado del establecimiento apenas entendía y hablaba el español.
Investigaciones posteriores dieron un giro de 180º al planteamiento que la Policía había hecho de la escena en un principio. En este sentido fueron cruciales las declaraciones de una mujer del vecindario que aseguró que los tres jóvenes habían entrado en la tienda con la intención de atracarla y el dependiente había utilizado el cuchillo para tratar de defenderse.
Una vez aclarada la cuestión, el encargado fue puesto en libertad y los menores, sin cargos de momento, se encuentran a la espera de la actuación de la Fiscalía. Ambos bandos se enfrentan a una denuncia del contrario, uno por agresión y los otros por robo con violencia en grado de tentativa.
El dueño del establecimiento, que también actúa de intérprete de su empleado, narraba lo sucedido: "Los chicos entraron y le pegaron (al dependiente) un puñetazo en el pecho. Después lo agarraron del cuello. Ellos eran mucho más grandes y corpulentos".
El chico que ese día atendía el mostrador de la tienda mide poco más de 1,60 metros. Para poder zafarse de sus agresores tuvo que emplear el cuchillo, asegura. Cuando por fin se vio libre, los menores corrieron hacia la puerta de la tienda desde donde llamaron a la Policía. "Él (el dependiente) me llamó a mí, porque sé hablar español", continúa el propietario, "pero cuando llegué era demasiado tarde, la Policía ya se lo había llevado detenido".
De acuerdo con el jefe de la tienda, no es la primera vez que se produce un robo de estas características. La mayoría de las ocasiones se trata de grupos del propio barrio que se dedican a realizar pequeños hurtos. Sin embargo, en estos casos se valen de la violencia para intimidar al dependiente y llevarse el dinero de la caja.