01 de abril de 2018
01.04.2018
Semana Santa

Paseo por la historia

La ciudad de Lorca vivió el día más grande del año, su Viernes Santo

01.04.2018 | 04:00
Paseo por la historia

La ciudad de Lorca vivió el día más grande del año, su Viernes Santo. En un municipio que tiene a su Semana Santa como la fiesta más arraigada y la que mayor número de visitantes reúne de cuantas se celebran dentro del calendario festivo, miles de visitantes recorrieron la ciudad.

Por la mañana, las principales cofradías abrieron las puertas de sus sedes con sus exposiciones para mostrar al público el rico patrimonio del que disponen. Las calles se convirtieron en un hervidero de personas que iban y venían de un sitio para otro, ansiosas por contemplar de cerca tanto los bordados como las imágenes que iban a procesionar por la tarde.

Tras la recogida de banderas se inició el Cortejo Bíblico Pasional de la Historia de la Salvación que presidió el Paso Blanco. Dicho Cortejo está concebido como un gigantesco auto sacramental. Desfilaron los grupo bíblicos y los cortejos penitenciales correspondientes. Los alrededor de 11.000 asientos distribuidos en las tribunas de la Avenida Juan Carlos I estuvieron ocupados en su totalidad por lorquinos y visitantes, que un año más, no quisieron perderse el espectáculo.

Durante más de tres horas pasaron ante los ojos del espectador figuras a pie y a caballo, bigas, trigas, cuadrigas, sigas, carrozas alegóricas de reyes y emperadores, civilizaciones asirias, babilónicas, hebrea, romana, egipcias, dioses mitológicos y grupos sacados del Antíguo Testamento y del historicismo. La Semana Santa de Lorca fue declarada de Interés Turístico Internacional en el año 2007 lo que la confirma como una manifestación religiosa, artística, cultural y social capaz de interesar, no solo a personas de nuestro territorio, sino también de fuera de nuestras fronteras. Desde el año 2005, doce piezas del bordado lorquino se han convertido en los primeros textiles en toda España en ser declarados Bien de Interés Cultural.

El cortejo del Viernes Santo demostró, un año más, el acercamiento al pueblo de los textos bíblicos intentando hacer catequesis popular mediante el espectáculo mezclado con la religiosidad. Los Desfiles Bíblico Pasionales son la original seña de identidad que distingue la Semana Santa de Lorca de cualquier otra. Blancos y azules rompen con el esquema tradicional incorporando los primeros grupos bíblicos en el año 1855 con la 'Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén' por parte del Paso Blanco y el caballo en el año 1856, con la caballería romana, por parte del Paso Azul.

El Paso Azul finalizó su desfile con el trono que portaba a la titular, la Virgen de los Dolores, mientras que el Blanco, que cerraba la procesión, lo hizo con su titular, la Virgen de la Amargura. La Avenida Juan Carlos I se llenó de pétalos al paso de las imágenes titulares de cada una de las dos mayoritarias cofradías.

La Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre del Paso Encarnado desfiló con sus estandartes y tronos de la Virgen de la Soledad y el Cristo de la Sangre, mientras que el Paso Morado lo hizo con los tronos del Cristo del Perdón y Virgen de la Piedad y sus correspondientes estandartes.

La Procesión Azul estaba compuesta por dos partes diferenciadas con un nexo de unión: el Triunfo del Cristianismo, componiendo una visión única y espectacular de la Historia de la Salvación como son los cortejos bíblico y religioso.

A continuación desfiló todo el cortejo religioso con la Cruz Alzada con Sudario, estandarte del Cristo de la Buena Muerte, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Tercio de Nazarenos de la Coronación de Espinas, estandarte del Angel Velado, estandarte del Reflejo y trono con la Vírgen de los Dolores.

El Paso Blanco comenzó su desfile con el estandarte guión y desfilaron, entre otros, la caballería romana, infantería romana, Octavio César Augusto,, Marco Aurelio Valerio, Majencio o el Grupo de Santa Elena la caballería imperial

Al finalizar la procesión del Viernes Santo, Blancos y Azules, abandonaron las tribunas y se dirigieron hasta sus sedes religiosas en Santo Domingo y San Francisco, respectivamente, para ver entrar a las titulares, la Virgen de la Amargura y la Virgen de los Dolores.

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