28-S

"La huerta de Lorca sigue siendo muy vulnerable a las riadas tras 4 años"

Los afectados creen que la tragedia de 2012 podría repetirse ya que "todo está igual o peor"

29.09.2016 | 04:00

La huerta de Lorca sigue siendo «muy vulnerable» a las riadas cuando se cumplen cuatro años de la que el 28 de septiembre de 2012 anegó centenares de hectáreas de tierras de labor y decenas de granjas, causando dos muertos en el municipio y más de cien millones de euros en pérdidas. La afirmación es de José Reinaldos, el presidente de la Plataforma de Afectados por la Inundación de Lorca 28-S, en el aniversario de la riada de San Wenceslao, una tragedia que, en su opinión, puede repetirse en cualquier momento «con los mismos o peores efectos».

Reinaldos asegura que cuatro años después de la catástrofe «todo está igual o peor», algo que atribuye a extracciones de áridos en el cauce de algunas ramblas, como la de Béjar, que se desbordaron en aquel episodio de lluvias torrenciales. Esas extracciones han provocado un aumento en los desniveles del cauce que preocupan «a los vecinos que viven aguas abajo» de la desembocadura de la rambla, «que tienen un riesgo mucho mayor que hace cuatro años» de verse afectados por la escorrentía.

La riada de 2012 anegó los municipios de Lorca y Puerto Lumbreras causando la muerte de cinco personas en esas dos localidades, entre ellas una niña, y daños multimillonarios. El Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) midió el día de la catástrofe una cifra de 179 litros por metro cuadrado, con una intensidad de 17 litros por metro cuadrado en cinco minutos.

Las precipitaciones se concentraron fundamentalmente en el entorno de los ríos Guadalentín y Mula y desencadenaron unos caudales punta de avenida de 4.500 metros cúbicos por segundo en el pantano lorquino de Valdeinfierno y de unos 2.500 metros cúbicos por segundo en la rambla de Nogalte, en Puerto Lumbreras, donde murieron tres personas.

Los damnificados sostienen, sin embargo, que los devastadores efectos de la riada no solo tuvieron que ver con el incontenible caudal que generó sino también con construcciones que alteraron el paso natural del agua y obstáculos que amplificaron sus daños, como la carretera RM-11 (Lorca-Águilas) que hizo de muro de contención y que aumentó el volumen del agua desbordada en forma de ola gigante.

Inversiones «insuficientes»

La CHS asegura que ha invertido más de nueve millones de euros en la lucha contra las inundaciones en la zona del valle del Guadalentín, entre las que se encuentra una veintena de diques en la cabecera de la rambla de Nogalte; 100 diques en las de El Salero y Luchena; o el deslinde de la rambla de Biznaga en una de 290 kilómetros desde la pedanía de Campillo hasta la desembocadura del Guadalentín.

La Comunidad Autónoma también prevé iniciar este otoño las obras de ampliación de los sistemas de drenaje de las carreteras RM-11 y RM-621 (Lorca-Purias), que cruzan la rambla de Biznaga para minimizar el efecto de posibles riadas.

Pese a todo, estas inversiones no son suficientes, opina Reinaldos que señala que el grueso de las actuaciones se están realizando aguas arriba y no en la desembocadura de las ramblas, donde el agua se embalsó durante semanas en 2012, aumentando el daño causado.

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