Yecla

Una joven yeclana de 17 años ingresa en el monasterio de Carmelitas

"Estoy muy contenta, estoy a punto de entrar en el convento", ha afirmado Raquel

15.07.2016 | 04:00
Una joven yeclana de 17 años ingresa en el monasterio de Carmelitas

Acompañada por familia, amigos y una representación de la parroquia de La Purísima de Yecla, Raquel Romero Santa, una joven yeclana de 17 años, ha entrado este domingo en el monasterio de las Madres Carmelitas Descalzas de Piedrahita (Ávila), pasando entonces a llamarse Raquel de Jesús.

Desde la parroquia de La Purísima de Yecla se desplazó a Piedrahita un autobús con jóvenes del coro y catequistas, acompañados también por su párroco, José Antonio Abellán, y el sacerdote Asensio Morales, párroco de Santa María la Real de Aledo.

Antes de entrar en clausura, Raquel se despidió de sus cuatro hermanas y de su hermano mayor, Pablo, seminarista de cuarto curso en el Seminario Mayor de San Fulgencio; y recibió la bendición de sus padres y de los sacerdotes presentes. Momentos antes de entrar en el monasterio de Carmelitas Descalzas de Piedrahita, Raquel narraba su testimonio vocacional:

"Tengo 17 años y soy la tercera de seis hermanos. Mis padres pertenecen al Camino Neocatecumenal y de pequeña siempre me han inculcado la fe. Los domingos iba a Misa y pertenecía al coro. Siempre he ido creciendo en la fe y con el Señor. Comulgué y empecé con las catequesis de Confirmación, y empecé también con dirección espiritual que me ayudó mucho a iniciarme en la oración, para tener esa intimidad con Dios como todo cristiano debería tener".

En una peregrinación a Granada y Sevilla con la parroquia (a los 13 años), en una exposición del Santísimo, recuerdo que caí de rodillas y le pregunté al Señor qué era lo que quería de mí. Me puse a llorar. Le pregunté que si no me quería para formar una familia, que si me quería para ser religiosa o misionera.

Entonces comencé a visitar conventos. Fui a Elche, donde conocí a las Carmelitas Descalzas. En ese momento salió la madre y las novicias. A la superiora le conté cómo había sentido la llamada y, en lugar de tomárselo como una tontuna de una cría, se lo tomó en serio, me ayudó y me animó. Ahí comenzó mi relación con el convento».

Lo que me ayudó a decir que sí al Señor en la vida consagrada contemplativa fue el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, cómo siendo carmelita es patrona de las misiones. Yo también quería ser misionera y me dije: Si ella es patrona de las misiones en la clausura pues yo también lo puedo ser. Ahora quiero animar a los jóvenes, que estén dispuestos a decirle que sí al Señor, a que no tengan miedo, que Él siempre nos va a ayudar y nos va a dar siempre su mano».

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