Alhama de Murcia

Un tesoro de luces y formas

Los barrancos de Gebas, con su paisaje lunar y cambiante, son una experiencia única para los visitantes

26.06.2016 | 04:00
La erosión de la zona es continua y la geografía puede cambiar de un día para otro.

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Es una suerte de misterio natural: los barrancos de Gebas son un paisaje irrepetible y único debido a las luces y las formas , tan cambiantes y diferentes según el momento del día y de la estación que se dan en la zona. Muy próximos a la localidad murciana de Alhama de Murcia, estos barrancos, que toman su nombre de un antiguo caserío, acreditan el título de Paisaje protegido desde hace más de veinte años.

Las cárcavas, los cañones, los barrancos y los regatos se suceden en Gebas, pero el contraste de luces y de formas alcanza su máximo esplendor junto al embalse de Algeciras, una extensa lámina de agua circundada por un paraje desértico. El embalse desempeña un importante papel en el equilibrio ecológico de la zona, se utiliza como punto de almacenaje en el trasvase Tajo-Segura y libra una función esencial para prevenir las avenidas de la cuenca del Segura.

Para el biólogo Manuel Águila, técnico de Medio Ambiente en Alhama, estos barrancos suponen «el contrapunto» del Parque Natural de Sierra Espuña, y uno de los parajes que mejor representa la aridez característica del Sureste español.

Los históricos y sucesivos procesos erosivos a los que están sometidos por el agua estos barrancos han creado un paisaje casi lunar, apenas tapizado por plantas características de los climas más extremos. Esa permanente erosión sobre un suelo de yesos y arcillas provoca cambios morfológicos permanentes, que los barrancos evolucionen, que las cárcavas crezcan o desaparezcan o que algunas formas del terreno que pudieron sorprender un día al visitante hayan hoy desaparecido.

Durante muchas décadas, los habitantes de las localidades más próximas a Gebas apenas prestaron atención a este paraje, pero el ayuntamiento de Alhama y varias organizaciones tratan de reorientar el foco y han proliferado iniciativas para conocer el lugar y para familiarizarse con sus ricos y diferentes recursos naturales y paisajísticos.

Manuel Águila explica que la erosión en Gebas es continua y las formas cambian incluso de un día para otro; «las formas y los colores son espectaculares y los contrastes, inigualables». A su juicio, todos esos procesos erosivos, las formas y los contrastes tienen «un gran tirón» desde el punto de vista de la investigación y didáctico, pero está convencido de que también lo tienen desde el punto de vista turístico.

Y a pesar de su aspecto, Gebas no es un terreno baldío, y en él se localizan incluso pequeñas explotaciones agrarias o ganaderas, y además del agua, el hombre ha desempeñado su función en el modelaje del paisaje, porque sobre algunas de sus terrazas sobreviven los populares almendros o la característica y apreciada tápena murciana.

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