MARÍA HUERTAS
Los vecinos de la pedanía totanera de Lébor que viven en las inmediaciones del río Guadalentín ya no saben qué hacer para convivir con la plaga de mosquitos que azota la zona desde hace varias semanas.
Esta plaga coincide con las balsas de agua que se han originado en el cauce del río tras las lluvias de principios del mes de agosto, que junto con las temperaturas del verano las han convertido en un hábitat propicio para la propagación de esta inusual plaga de insectos que invade la zona.
Aunque los vecinos de Lébor están acostumbrados a convivir durante el verano con este tipo de insectos «molestos», aseguran que «lo de este año no se ha conocido nunca». Y es que para los habitantes de esta pedanía «resulta imposible salir a tomar el fresco por la noche; ni siquiera durante el día te libras de los picotazos», y añaden que ellos mismos han tenido que fumigar alrededor de sus viviendas «para poder medianamente andar por la calle».
Y es que estas picaduras, además de las desagradables molestias que están causando día a día a los vecinos, están afectando incluso a la economía de estas familias. La empresa San Diego –dedicada, entre otras tareas, al engorde de cerdos–, veía hace unos días cómo un lote de estos animales sufría una considerable bajada de precio, concretamente casi 700 euros, debido a la gran cantidad de picaduras que salpicaban por doquier la piel del ganado.
Los habitantes de Lébor ya han puesto en conocimiento de las autoridades locales el problema que padecen desde hace días y esperan que sea resuelto lo antes posible.