ENRIQUE SOLER
Centenares de caravaqueños acompañaron ayer al Lignum Crucis en su camino de vuelta a casa en el último día de las fiestas patronales. El Tío de la Pita esperaba a la patrona en las últimas cuestas que dan acceso a la Basílica para rendirle el último adiós por este año.
Casi un centenar de manolas aportaron mayor sobriedad al cortejo, junto con la compañía de armaos al completo, los hombres del palio, representantes de peñas, cábilas y grupos y autoridades militares y civiles. Cerrando la procesión estuvieron las cábilas moras Almorávides, Almorávides femenino, Tuareg, esclavas Rifeñas y Rifeños, y por parte del bando cristiano Cruzados, Arqueras y la Banda de la Vera Cruz.
A su llegada a la Basílica, la sagrada reliquia bendijo los campos desde las almenas de la fortaleza y entró con el sonido de la pólvora al templo, donde volverá a ser venerada por los caravaqueños y peregrinos hasta el próximo 14 de septiembre.
La mañana amaneció con el sonido de la campanilla anunciando que la Santísima Cruz estaba recorriendo las casas de la ciudad en la Cruz de Impedidos, una visita de esperanza a las personas que por motivos de enfermedad no pueden salir de sus hogares. A las doce de la noche se tiraba el último castillo de fuegos artificiales y el tradicional 'trueno gordo', que puso punto y final a las fiestas más multitudinarias de la historia. La Gran Vía apagó sus luces y volvió a la vida cotidiana, igual que muchos caravaqueños, que ya tienen la mirada puesta en las fiestas del próximo año.