ENRIQUE SOLER
El peculiar sonido de cascabeles y cascos de caballos por la parte antigua de Caravaca de la Cruz acompañó la diana de los Caballos del Vino, en la que participaron más de medio centenar de jinetes y numeroso público. Tras la conclusión, el bando ofreció un almuerzo y a mediodía la ciudad se llenó de colorido y música con las charangas y batucadas de las 60 peñas que conforman este bando.
El festín se prolongó durante toda el día y por la tarde el jolgorio se trasladó de la carpa festera a la Gran Vía, alargándose hasta bien entrada la madrugada.
La ciudad Santa del noroeste murciano vive estos días en un constante ir y venir de actos festeros y litúrgicos, y, como es tradicional, cada 24 de abril a las cinco de la tarde, hizo aparición en la ciudad, venido en el coche de línea el Tío de la Pita y su tamboril, quien fue recibido por el alcalde y numeroso público infantil, que se congregó en la plaza Elíptica para darle la bienvenida y acompañarlo hasta la plaza del Arco, donde desde el balcón del ayuntamiento saludó a los presentes. Seguidamente, la comisión de festejos preparó una merienda para los asistentes.
Hasta el día 30 de abril el Tío de la Pita se paseará por la ciudad todas las tardes con los gigantes y cabezudos tan característicos de la localidad, al finalizar los juegos infantiles que se celebran en la placeta del Santo. Y como cada año estará en Caravaca hasta el día 5, momento en el que tocará su último acorde de dulzaina dedicado a la patrona de la ciudad ya en su camino de vuelta a casa. Es un momento que los más mayores viven con anhelo y cariño al recordad como, cuando siendo niños, en los tiempos duros del hambre iban a la vetusta estación del tren a recibir a aquel señor alto que, acompañado de su tamboril, traía onzas de chocolate y pan para todos.