DAVID CANELLADA
Esperaba que se calmase tras el primer disparo o que saliese huyendo, pero siguió avanzando hacia mí y se me vino encima. Fue entonces cuando levanté el arma y volví a disparar". Francisco José C., el policía local de Ceutí acusado de acabar con la vida de un joven, insistió ayer en que nunca tuvo intención de causarle la muerte.
Ante un jurado popular, Francisco José mantuvo que la víctima -Visvaldas F., de nacionalidad lituana y de 26 años- "se abalanzó hacia mí con un ladrillo". "Se subió en una pila de palés y cogió algo con la mano derecha -recordó ayer Francisco ante el tribunal-. Saltó hacia nosotros y entonces ví que era un ladrillo, así que le dí el alto. Disparé al suelo y a su derecha cuando estaba a unos cinco metros, pero siguió corriendo hacia mí. Fue entonces cuando levanté el arma y volví a disparar".
Ese segundo disparo, según el informe de la autopsia, atravesó el corazón de Visvaldas, que cayó muerto de forma casi instantánea. "Todo transcurrió en muy poco tiempo, apenas cuatro o cinco segundos. Nunca tuve la intención de acabar con su vida", lamentó.
Los hechos recordados ayer por Francisco José ocurrieron en la madrugada del uno de julio del año 2007. Aquel día, él y un compañero en prácticas, José A., acudieron a prestar un servicio en una cafetería de Ceutí en la que se había producido un altercado.
Visvaldas había discutido con su novia, A.A.F., y había golpeado y amenazado a dos clientes de la cafetería. "Cuando llegamos, Visvaldas estaba muy agresivo. Nos amenazó diciendo que no le importaba que fuésemos policías, que nos iba a matar".
La mediación de un conocido, José A., logró calmar un poco a Visvaldas. Entre todos lograron convencer al joven para que fuese a la vivienda que compartía con su pareja para recoger sus cosas. "Una vez en la casa, Visvaldas miró las cosas y dijo que no quería nada. Se puso violento otra vez, le dio una patada a una bola de discoteca y salió a la calle". Su amigo José iba a llevarle esa misma noche a casa de otro amigo en Alguazas, así que los agentes le estaban escoltando hasta el coche.
"Él iba unos 15 o 20 metros por delante de nosotros y, de repente, inició una carrera y se subió a una montaña de palés". Fue entonces cuando, según el agente, cogió un ladrillo y se abalanzó sobre ellos. El ladrillo, sin embargo, nunca apareció. "Por allí vino más policía, la ambulancia y un montón de gente que alteró el escenario -subrayó Francisco-. Incluso sujetaron la sábana que tapaba el cuerpo con cuatro ladrillos". Ayer, el compañero que le acompañaba corroboró esta versión.
Estos argumentos, sin embargo, no convencen al ministerio fiscal, que solicita una pena de once años de prisión por un delito de homicidio. "Aceptamos que la actitud de Visvaldas pudo ser agresiva -aseguró el fiscal al jurado-. Sabemos que tuvo que tomar una decisión en un breve período de tiempo de forma instintiva, pero no fue un accidente. Francisco sacó su pistola porque quiso hacerlo. Apuntó a Visvaldas porque quiso y apretó el gatillo porque quiso", concluyó.