DAVID CANELLADA
Antonio C.G. está acusado de apuñalar hasta la muerte a la mujer que cuidaba de su madre, matar a golpes a su perro, enfrentarse a los agentes que le detuvieron y lesionar a uno de ellos en la mano derecha. Por todo ello, el fiscal solicita una pena de 27 años de reclusión -25 por un delito de asesinato, seis meses por maltrato a animal doméstico, un año por resistencia y otros seis meses por las lesiones-.
La condena, no obstante, debería cumplirse en un centro psiquiátrico penitenciario ya que, según recoge el ministerio público en su escrito de calificación, Antonio está diagnosticado de esquizofrenia paranoide "que anula por completo sus facultades de comprensión y autodeterminación". Por eso, el fiscal entiende que debe aplicarse al acusado, de 41 años, la eximente completa de enajenación mental e ingresarle en un psiquiátrico penitenciario. La defensa, representada por el letrado Enrique Fernández Baraza, entiende que Antonio no sabía lo que hacía y solicita su absolución.
Los hechos ocurrieron sobre las once y media de la noche del 17 de octubre del año 2007 en la vivienda que el acusado compartía en Alcantarilla con su madre -enferma de demencia senil- y con la mujer que cuidaba de ella, Celsa Magdalena B.D. "En pleno brote psicótico, probablemente ocasionado por el consumo horas antes de cocaína y alcohol -señala el fiscal-, creyendo oír voces de su perro que le decía que debía de matar a Celsa, cogió un cuchillo de cocina de 27 centímetros de longitud y se dirigió hacia la habitación de la mujer, que en ese momento estaba acostada en la cama". Le asestó hasta 14 puñaladas.
Tras la agresión, Antonio se fue en busca del perro y lo mató a golpes en plena calle. Dos agentes de la Policía Local de Alcantarilla lo encontraron desnudo y con el cuerpo cubierto de barro. Antonio se había metido en un charco para, en su delirio, "limpiarse de los hechos cometidos".
Los policías le detuvieron y le trasladaron a la comisaría de Policía Nacional. Una vez allí, sin embargo, se puso violento y se negó a salir del vehículo policial, resistiéndose a entrar en la comisaría e hiriendo en el forcejeo a uno de los agentes en la mano derecha.