JOSÉ LUIS PIÑERO
El buen tiempo no acompañó y la romería del Niño del Balate acabó pasada por agua. Eran las once de la mañana cuando la imagen del Niño salía del 'badén' e iba llegando al 'maguán' y comenzaba a llover. Sin embargo, los muleños fueron previsores y muchos de ellos portaban paraguas tras ver como la mañana despertaba con nubes. A pesar de ello, el mal tiempo no desanimó a los fieles, que continuaron con la fiesta hasta bien entrada la tarde.
La imagen partió, como es tradición, del Real Monasterio de la Encarnación a las nueve de la mañana. La romería transcurrió por las calles de la localidad hasta llegar al barrio de San Felipe, donde la talla se despidió de la ciudad. Cientos de cohetes y numerosos metros de traca fueron prendidos durante todo el recorrido. Los romeros -algunos de ellos caminando descalzos- llevaban el ramo de alhábega (albahaca) que ya es un símbolo en la bajada y la subida del Niño. Dada la rapidez con la que caminaban los portadores de la urna de la imagen -la lluvia amenazaba constantemente-, el Niño llegó antes de lo previsto, sobre las 12 del mediodía, a su santuario en el Balate, en cuyo paraje los romeros prepararon paellas y pudieron disfrutar del tímido sol que apareció en el cielo poco después.
La carretera comarcal permaneció semicortada al tráfico dada la multitud de gente que invadía la calzada acompañando al Niño. Policía Local, Protección Civil y Guardia Civil velaron para que la romería transcurriera sin incidentes.