ALICIA MARTÍNEZ
Una de las calles de Alhama era ayer una oficina del INEM. En su cola, media docena de muñecos 'comentaban' lo mal que estaba la situación. Alguno de ellos incluso buscaba en el suelo, por si encontraba algún puesto que nadie quisiera. Esta escena era una de las que ayer se recrearon en las calle de Alhama con motivo de las tradicionales fiestas de Mayos y Cruces del municipio.
Como cada año, los vecinos confeccionan una escena con muñecos con la intención de hacer una crítica o parodia de algún aspecto de la actualidad. Este año han sido el paro y la crisis, junto a los ya usuales temas sobre tradiciones, los más recurrentes. Y es que, como explicaba Caridad López, autora junto a sus amigas María, Juani y Virginia del mayo que se alzó con el tercer premio del concurso, "El paro es un tema que, si no te ha afectado a ti directamente, seguro que conoces a alguien a quien sí", decía.
A las once de la mañana salía la charanga que acompañaba a los vecinos, vestidos con 'corremayos' (una prenda similar al atuendo de los arlequines), a hacer pasacalle por las escenas que se habían elaborado para la fiesta. Andrés Zabala, coordinador del pasacalle, explicaba que en este día "la participación del pueblo es fundamental, ya que son los propios alhameños los que hacen esta fiesta". Zabala confesaba que había personas que estaban todo el año buscando enseres para sus mayos y reconoció que alguno de los muñecos tienen la cara de gente conocida en el pueblo.
Los cientos de asistentes, como Fernando y Sebastiana, disfrutaban con sus amigos del buen ambiente y el humor de la jornada y otros como John, escocés afincado en Alhama, explicaba a sus amigos, recién llegados de Londres, por qué todo el mundo lucía un atuendo tan especial.
Originalidad en las cruces. Mientras la charanga recorría parte del pueblo en busca de mayos, la cuadrilla 'danzaba' por otras calles buscando cruces a las que interpretar las tradicionales canciones de la huerta. Ana, Flora, Amalia, Isabel, Encarna y Paco, vecinos de la calle Larga, mostraban orgullosos su crucifijo elaborado con esparraguillos de color rosa y fondo de ganchillo y explicaban que estaba hecho "con más imaginación que presupuesto". Flora contaba que solían utilizan plantas silvestres del campo, hojas de limón e incluso paja. "Nuestro altar es humilde, pero está decorado con mucho cariño, fe y devoción", reconocía.
Para Ana y sus vecinas el aliciente para confeccionar la cruz no se encuentra en el premio. "Lo mejor es que nos juntamos todos las vecinos, hacemos la cruz, luego comemos todos juntos y así, se estrechan más los lazos", decía.
Una vez terminado el pasacalle y la ronda a las cruces, tanto los vecinos como los visitantes a tan particular festejo fueron invitados a degustar una paella gigante, y la plaza de la Constitución fue también el escenario de un mercado medieval en el que se podían adquirir desde jabones y cremas hasta gominolas, pasando por distintos tipos de adornos, juguetes y bisutería.