Prueba

Ford Mustang Fastback GT 5.0 V8 418 cv, pasión asequible

El espectacular ´pony car´ yanqui cruza por fin el charco; promete prestaciones de vértigo y, sobre todo, sensaciones

13.02.2017 | 09:47
Ford Mustang Fastback GT 5.0 V8 418 cv, pasión asequible

El Mustang GT nos ha sorprendido por muchos detalles. El primero de ellos salta a la vista. Su espectacular estampa evoca directamente a sus míticos antecesores, sumando modernidad y ´macarrismo´, pero en el mejor sentido de éste último término. Por fuera ya delata unas intenciones que cumple sobradamente a tenor de su grupo impulsor de cinco litros (las cosas en América se siguen haciendo a lo grande), ocho cilindros en ´V´ y una cuadra de caballos que llega hasta los 418. Y todo al eje trasero, como mandan los cánones. Éste es otro aspecto que también sorprende, no ya por la fuerza que es capaz de originar, sino por lo dosificable que resulta y lo fácil de llevar.

Otra cosa destacable es su capacidad motriz, nada alocada (debemos confesar que, antes de sentarnos al volante imaginábamos salir cruzados de todas las rotondas...) y siempre con el apoyo salvador de la electrónica.

Pero, por partes, antes de meternos con sus golosas reacciones, el modelo bien merece un repaso en lo estético.
El Ford Mustang se puede configurar con caja cerrada (versión Fastback) o bien descapotable con techo de lona (Convertible). Mide 4,78 metros de largo y 1,92 metros de ancho, por lo que hay que calcular con cierto tino algunas maniobras en la ciudad. Diseñado para mostrar una apariencia agresiva, llama la atención su frontal de rasgos muy afilados con unas ópticas penetrantes y una calandra de gran tamaño con el emblema tan característico del deportivo americano. Detrás sigue evocando a las generaciones pasadas con los reconocibles pilotos fragmentados en vertical dentro de una franja negra brillante que aumenta la sensación de anchura. Dentro parece más sofisticado y europeo por las formas del salpicadero, hay calidad en los materiales e incorpora el sistema multimedia SYNC de Ford con pantalla táctil de 8 pulgadas. El cuadro de mandos es realmente completo gracias a su otra pantalla que muestra una gran cantidad de datos en el ordenador de a bordo. Se homologa para cuatro pasajeros, en ambas versiones, y las plazas delanteras son especialmente amplias y pueden ser de la marca Recaro. El maletero tiene 408 litros de capacidad.

Disponible en nuestro mercado con un motor EcoBoost de 2,3 litros y cuatro cilindros con 314 CV, que ya lo mueven muy bien, nos quedamos en esta ocasión con el impactante tope de gama, la versión GT de cinco litros de 418 CV, que nos regala un bramido más sugerente y más sensaciones a costa de un precio de adquisición algo mayor y no mucho más consumo.

Nuestro Mustang GT V8 5.0, al igual que su hermano pequeño, el 2.3, se puede configurar con una caja de cambios automática que cuesta unos 3.000 euros más. Nosotros lo hemos tenido con la caja manual, toda una delicia por su tacto al insertar las marchas y que tiene unas relaciones muy apropiadas para sacarle el mayor partido a la inagotable mecánica.

Y hablando del propulsor, ya hemos dicho que sorprende su respuesta, que se puede dosificar y que responde de manera muy lineal en un rango amplísimo del cuentavueltas (desde solo 1.000 revoluciones, el motor ya puede con todo). Va tan bien y sube con tanta alegría que nos olvidamos de la moda turbo que pervierte todo lo que toca. El Mustang GT V8 es atmosférico, como debe ser.

En marcha, más que lo que corre, que es mucho, llama la atención cómo corre. Cierto es que no lo hace como los deportivos europeos de ese rango, pero es que tampoco lo pretende. Su eje trasero es más noble de lo que pensábamos, se descoloca a base de gas pero de una forma nada violenta y podemos cambiar la reacción a un sobreviraje con bastante confianza. Siempre sin olvidar que tenemos hasta 530 Nm haciendo de las suyas en la trasera del coche, por lo tanto mejor no traspasar ciertas líneas (al menos en carreteras abiertas al tráfico). Los controles electrónicos son permisivos, permitiendo lucimiento y espectacularidad en algunos apoyos, pero con una confianza encomiable que eleva enteros nuestra diversión al volante.

En lo que respecta al tema crematístico, también el Mustang llama la atención, puesto que hoy en día no hay nada parecido en el mercado por ese precio. La versión ´de acceso´ se despacha por 39.950 euros, y la que hemos podido disfrutar, la 5.0, cuesta desde 46.950 euros. De acuerdo que son 7.000 euros más, pero es que valen la pena por sus reacciones al volante y las sensaciones que nos regala. Para los más extrovertidos está la carrocería convertible, por 4.000 euros más sobre la cerrada.

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