Prueba

Audi R8 Coupé 5.2 FSI 540 CV Quattro, el poder de los cuatro aros

Superlativo en todo, la segunda generación del deportivo alemán supera a su excelente antecesor en dinámica y eficiencia, manteniendo un rango de precios similar

30.01.2017 | 11:36
Audi R8 Coupé 5.2 FSI 540 CV Quattro, el poder de los cuatro aros

Lejos de los tópicos y demás ´cuñadismos´, el Audi R8 es un deportivo sorprendente. Es verdad que su precio le exige todo lo imaginable en cuanto a prestaciones y espectacularidad, pero también es cierto que cumple con nota con todas las cualidades inherentes a los vehículos deportivos de alto rendimiento.

Destinado a unos pocos afortunados que dispongan de los 194.720 euros que cuesta (precio de partida), el Audi R8 5.2 FSI quattro de 540 CV es un prodigio de la tecnología, sorprendente en muchos aspectos, algunos que no esperábamos, como su consumo francamente ajustado para este tipo de vehículo.

Pero, al margen de la frecuencia de sus visitas al surtidor, coherentes para sus 540 CV de potencia (en función, claro está de nuestro pie derecho), donde de verdad nos podemos centrar es en las sensaciones con las que nos agasaja esta obra maestra de la ingeniería de Audi.
El acceso al puesto de conducción es sencillo para ser un súper deportivo, algo que se agradece, y eso que la altura del R8 es de 1,24 metros. Una vez instalados dentro, nuestro espacio es más amplio del que pensábamos (casi como el de un compacto), aunque, el puesto de mandos tan bajo y el diseño de la carrocería condicionan un poco la visibilidad, sobre todo hacia atrás. Como la cubierta del motor es de cristal (el motor va montado detrás, el R8 es un biplaza), la pequeña luneta a nuestra espalda nos permite algo de visual hacia esa dirección a través del retrovisor, aunque mejor controlar esa vista con los retrovisores exteriores (y la cámara de visión trasera opcional). La calidad es muy alta y el diseño es limpio, tanto que no existe la típica pantalla en la zona alta del salpicadero para el sistema multimedia y navegación. Esos cometidos los asume el panel de instrumentos digital ´Virtual Cockpit´ con pantalla de 12,3 pulgadas, por lo que toda la información se centraliza en ese punto.

Hay dos versiones del Audi R8 para elegir, además de los formatos de carrocería cerrada ´Coupé´ y descapotable con techo de lona ´Spyder´. Partiendo del mismo motor atmosférico de 5,2 litros de cilindrada y 10 cilindros en ´V´, se puede adquirir, bien con la potencia de 540 CV o bien con 610 CV (R8 V10 Plus). Ya no está disponible con caja manual, y el encargado de hacer esa función es un cambio automático de doble embrague y siete relaciones, certero y rapidísimo. Está a la altura de un motor que no sigue con las modas que bajan la cilindrada y que encima se permite el lujo de ningunear a los bólidos dotados de turbocompresor. Por eso su respuesta es una delicia, sin tirones artificiales y sin retrasos. La sensación es difícil de describir, porque no se parece a ningún motor de alto rango que hayamos probado hasta ahora, con tanto empuje de esta forma y al que no le importa la cifra de revoluciones en la que gira (hemos visto la aguja por encima de las 8.000 vueltas con mucha fuerza aún). Encima, los diferentes modos de conducción provistos permiten personalizar las reacciones del vehículo (se puede elegir entre Comfort, Dynamic, Individual y automático).

Más allá de sus contundentes 540 Nm de par (coinciden con sus caballos), hay otra cualidad sorprendente de este R8: su pasmosa dinámica. Al volante, cualquier conductor con ciertas nociones puede lucirse en un tramo comprometido gracias a un aplomo que parece imposible y a una motricidad apadrinada por la tracción integral quattro, que viene de serie.

Harían falta más páginas para describir los innumerables sistemas que, tanto de serie o en opción, puede portar. Destacamos las ópticas de láser que dan una iluminación fantástica, los discos de freno carbocerámicos, la dirección dinámica (aunque la de serie es estupenda), los asientos de tipo ´bucket´, una cubierta del motor en carbono o la tapicería de una piel más elaborada, entre otros elementos.

El Audi R8 V10 de 540 CV es un prodigio de reacciones. Todo en este vehículo abruma, desde su nivel de aceleración, hasta su soberbia pisada, pasando por un sonido que asusta, procedente de sus diez cilindros (por cierto, se desconecta una de las bancadas de cinco para ahorrar algo de gasolina cuando no se necesita mucho empuje). Una verdadera máquina al alcance de unos pocos que puedan pagar sus casi 195.000 euros de precio de partida. Si se opta por la versión potenciada de 610 CV (V10 Plus), el desembolso sube hasta los 218.000 euros, un valor que justifica, además de su mayor potencia, un equipamiento de serie un poco may

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