Prueba

Mercedes-Benz C63 AMG Estate, una fiera discreta y frugal

Hereda su prodigioso motor V8 4.0 Biturbo con 476 CV del GT: un 0-100 Km/h en 4,2 segundos...

12.01.2016 | 19:52
Quizá alguien prefiera más estridencias en un vehículo de casi 500 CV, pero lo cierto es que el C63, al detalle, deja claras sus intenciones con sus llantas de 18 pulgadas y paragolpes específicos

Aunque sus enormes ruedas, los grandes discos de freno que alojan -con pinzas pintadas de rojo-, las cuatro salidas de escape y sus sobredimensionadas tomas de aire frontales le delatan, hay que reconocer que la nueva criatura de AMG sobre la Clase C de Mercedes resulta incluso discreta, más aún con la carrocería Estate -como la firma de la estrella denomina a sus variantes familiares- de nuestra unidad de pruebas, que tiene un precio de 93.900 euros. Lo mismo sucede con el interior, donde la presencia de unos asientos tipo baquet y un volante de menor diámetro y de agarre más grueso -amén de los acabados en carbono de nuestra unidad de pruebas-, son los únicos cambios apreciables respecto a un C Estate normal.

Las auténticas diferencias las encontramos en el moderno y súper eficiente motor que monta -nos hizo olvidarnos del antiguo 6,3 litros atmosférico de su antecesor casi en el acto-, sus prodigiosas suspensiones AMG Ride Control de serie y una sofisticada electrónica capaz de ayudarnos a meter en cintura a este lobo con piel de cordero. Lejos de intrusismos inoportunos y gracias a las grandes posibilidades de configuración, las ayudas electrónicas a la conducción nos ayudarán, como prometen, sin impedirnos cierto grado de diversión, cuando ´cierto grado´ quiere decir mucha, mucha, mucha diversión.

Acelera como un poseso, con una impresionante motricidad en toda circunstancia, recupera con sorprendente decisión y corre una barbaridad. Todo ello acompañado de un sonido que hace hervir la sangre, con una grata sensación de seguridad y control y con unos frenos tan potentes como progresivos e inasequibles al desaliento.

Además de correr tanto como un M3 o un A4 RS, gasta bastante menos que ellos -la optimista media oficial es de 8,4 l/100 Km. pero a nosotros se nos quedó en unos contenidos 13,6- y permite un uso normal, a bajas velocidades o en ciudad prácticamente igual al de sus hermanos más pequeños. Lo mismo sucede cuando lo configuramos en el modo más confortable y viajamos a velocidades legales por carreteras y autovías. De hecho, fue eso lo que más nos impresionó de este nuevo V8 de inyección directa sobrealimentado por una pareja de turbos, su fantástica bipolaridad: suave y confortable cuando hace falta y tremendo y súper eficiente cuando se le exige -aunque seguimos quedándonos con lo divertido que puede llegar a ser, esculpiendo sonrisas en la cara de su afortunado conductor aún después de haberse bajado del coche-.

La tecnología no cesa en su evolución y Mercedes no duda en ofrecerla en sus productos -junto con diseños menos conservadores, más arriesgados y atractivos- cada vez más pronto y de forma más notable. ¿Será eso lo que está pasando en Mercedes? A tenor de su sostenido éxito de ventas, creemos que sí.

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