Estados Unidos

En la mente de Donald Trump

La pregunta no es si este hombre está en sus cabales, sino ¿qué decisiones tomaría en la Casa Blanca?

28.08.2016 | 19:33
Trump, candidato republicano a la Casa Blanca.

Si en los próximos meses, Donald Trump se acaba convirtiendo en el nuevo presidente de Estados Unidos, no pasará a la historia como el primer actor profesional en lograrlo, pero tal vez sí como el mejor y más entregado actor vocacional. "Más incluso que Reagan, Trump es un supremo conocedor del hecho de que siempre está actuando. El magnate siempre está interpretando su papel, el personaje de Donald Trump. La cuestión es ¿qué hay detrás de la máscara?".

Ese es el enigma del que se hace eco el psicólogo Dan P. McAdams y que ha dejado perplejos a sus colegas de profesión, a psiquiatras y analistas que han intentado hacer un retrato robot de la mentalidad de un personaje que no ha dejado de romper esquemas en las últimas cuatro décadas y que ahora se dispone a luchar hasta las últimas consecuencias para ganar la competición más importante del planeta. Narcisista, desagradable, exasperante, extrovertido, provocador, héroe y a la vez villano, siempe enfadado pero sonriente, Trump es un hombre que desarma por la vía pacífica o con sus dardos verbales.

¿Cuáles son sus resortes psicológicos? ¿Cómo funciona su mente? Un día, Dan P. McAdams, autor de una biografía del presidente George W. Bush, recibió una llamada de la revista The Atlantic para que escribiera un perfil sobre Trump. "Lo dejé todo, empecé de cero y estuve buceando durante dos meses. De inicio, no tenía conclusiones preconcebidas sobre él, me sumergí en su mundo, como si yo viniese de otro planeta", cuenta el profesor de la Northwestern University a Magazine.

McAdams ha intentado desenmascarar en el sentido científico a un hombre que vive por y para la polémica, algo que le hace sentir vivo; alguien que actúa como un histrión, que es despreciativo, pragmático, duro, belicoso, amenazador, explosivo, volcánico y magnético. Atrae a todo el mundo, a favor o en contra. "Me sorprendió un poco llegar a las conclusiones que alcancé –confiesa–. Lo que me dejó perplejo es que apenas encontré nada detrás de la máscara. Inicialmente esperaba hallar algo más. Descubrí algunas pistas: estamos delante de un guerrero, de alguien que lucha sin parar, que le han enseñado que el mundo es un lugar muy difícil donde sólo los fuertes sobreviven por eso tienes que dejarte la piel para ganar. Es una lección que aprendió desde niño y que ha conservado".

Un líder tribal. "Al igual que muchos políticos, Trump tiene que aparentar que es fuerte. En el fondo –explica Dan McAdams– hay una base de líder pasado de moda, un líder primario de una tribu que provee y protege". A su juicio, esta característica de líder tribal a la vez que guerrero, salvador que lucha por el honor de la gente, además de retrotraer a términos casi medievales, atrae a muchos electores como se ha demostrado en las primarias republicanas estado tras estado. "Su discurso suele interesar a votantes blancos y de una cierta edad, a los que no les ha ido bien económicamente en los últimos años por culpa de la crisis, y que ven que su forma y calidad de vida se han visto amenazadas. El mensaje de Trump de ´podemos conseguir que América vuelva a ser grande otra vez´ les llega perfectamente", ilustra McAdams.

Guerrero salvador. Todos los contendientes por la presidencia a lo largo de la historia han armado un discurso o un relato de su vida que apela a la nostalgia, el objetivo de Trump es una idealización de la América de los años cincuenta, "cuando Estados Unidos dominaba el mundo y se presentaba como salvador" de la democracia. Ese discurso incluso ha convencido a una amplia capa de votantes cristianos, aunque él no sea exactamente un referente tradicional suyo, pues su carrera representa un ejemplo de ultracapitalismo, se ha casado tres veces€ "Aun así –comenta McAdams– muchos lo consideran políticamente atractivo por esa idea que irradia de protector".

La máscara. Tras estudiar su comportamiento, sus frases, reacciones, triunfos y fracasos, su vida televisiva y su historia familiar, McAdams concluye que existe una probabilidad muy alta de que Trump sea su propia máscara: "Tal vez haya sido siempre así. Hablamos de un hombre que ha estado bajo la luz de los focos durante 40 años. Desde que iba al instituto hasta ahora ha sido una figura pública con un papel más o menos protagonista. Yo creo que la máscara es fija, no se la puede quitar. No creo que se la saque cuando llega a casa por la noche. Es él que se ha convertido en esa fachada y eso implica gastar mucha energía interpretando el mismo personaje. Él no se plantea quitarse la máscara ni se pregunta ´por qué hago las cosas así´. La apariencia se ha convertido en la realidad". En su caso, la apariencia no engaña.

Narciso y el espejo. Y la apariencia dice que Trump no es la persona más sincera del mundo y a la vez que es exageradamente narcisista. "Yo y yo y más yo", resume McAdams, que recuerda una anécdota en la que el magnate hizo un discurso en el funeral de su padre que todo giraba en torno a su figura, no a la del finado progenitor.

El uso de la verdad. Un estudio de Politifact, un proyecto digital del diario Tampa Bay Times de Florida que ha ganado el premio Pulitzer, ha analizado todas las afirmaciones del empresario metido a estrella de los reality shows, metido a político, y ha concluido que "sólo un 2% de sus aseveraciones son verdaderas" y que un "75% son casi falsas, definitivamente falsas o pants on fire", es decir pura trola. Ese porcentaje de falsedades es ligeramente superior al del republicano Ted Cruz (66%), y muchísimo más elevado que el también republicano John Kasich (32%) o los demócratas Hillary Clinton (31%) o Bernie Sanders (29%).

Esta página digital ha contabilizado recientemente hasta 17 propuestas anunciadas por Trump que con el paso de los días o las semanas ha acabado negando al grito de "yo nunca dije eso". Politifact es igual de inmisericorde con la candidata demócrata Hillary Clinton y sus falsedades en torno al caso de los correos electrónicos o con las promesas incumplidas de Barack Obama. "Trump –remarca McAdams– representa una especie de demagogo popular que tanto temen los republicanos, pero también una parte de los demócratas".

La ira que da energía. Al otro lado del teléfono, Dan McAdams advierte que una de las características psicológicas que ayudan a entender la idiosincrasia de Donald Trump es que "la ira es el elemento esencial de su carisma". Pero no es, apunta, una ira autodestructiva, sino más bien "una fuente de energía y de sentido del humor". "Creo que Trump –apunta– lo canaliza de esta manera, con cierta ironía, con determinación". Hay algo que juega a favor de Trump en su carrera presidencial, ese estilo volcánico, torrencial y tabernario que tan poco se parece al pausado y empático de Barack Obama. "El estilo del actual presidente es muy calmado –apunta McAdams–, siempre habla con un control estricto de las emociones. Los electores han tenido ocho años de eso y muchos, ahora, quieren algo diferente, alguien con carisma, que te atrae aunque no quieres. Trump representa ese hombre grande y fuerte que tiene un magnetismo primario".

(Des)Agradable. Los historiadores suelen coincidir en que Richard Nixon es uno de los presidentes de Estados Unidos menos empáticos de la historia y más desagradables. Sin embargo, McAdams cita en su escrito que al lado de Trump, Nixon es "pura dulzura". El autor compara al magnate con el presidente Andrew Jackson de quien Thomas Jefferson una vez dijo: "Es de las personas menos adecuadas que conozco para ejercer el cargo". Jackson era belicoso y colérico, llegó a batirse en duelo hasta 14 veces y, al igual que Trump, no encajaba en la élite de Washington, porque se había forjado lejos de la burbuja aristocrática del poder estadounidense.

Sin diagnóstico clínico. Por muy "desconcertante" y "extremo" que Trump sea, McAdams no intenta dibujar un líder con achaques psíquicos. "No quise repetir en lo que muchos psicólogos sí cayeron antes cuando analizaron su figura: diagnosticarle o intentarlo al menos, buscar alguna enfermedad mental, no quería emitir juicios en ese sentido ni sobre si tiene atisbos de locura"

Imprevisible. Llegados a este punto, lo que mucha gente en Estados Unidos teme es que una persona tan impredecible entre en la Casa Blanca y sea el comandante en jefe. Tambien el profesor de Northwood: "¿Alguien sabe acaso qué decisiones tomará en caso de que sea elegido? Nadie o casi nadie. De hecho, no las ha explicado. Él se dedica a lanzar diatribas contra unos y otros, pero no detalla qué política llevará a cabo si es elegido. Es más, yo creo que ni siquiera él tiene demasiada idea de qué decisiones tomaría". Y es en este punto cuando el psicólogo resume quién es y qué mueve a Trump: "No tengo muy claro si quiere realmente ser presidente de Estados Unidos, lo que sí sé es que él quiere ganar".

Ultracompetitivo. "La mayoría de los candidatos –insiste el psicólogo– quieren llegar a presidentes, él se quiere imponer pero no necesariamente ocupar el cargo. Se trata de ganar lo que sea y en este caso estamos hablando de la competición más importante, para el cargo más influyente del mundo y al que todos miran. Trump quiere ganar como sea, por el mero hecho de ganar, y ni siquiera se preocupa por subir al podio y recoger la medalla, sólo pensar en el próximo desafío".

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