EFE. WASHINGTON
El presidente Barack Obama cumplió ayer el primer año desde la victoria que le llevó a la presidencia de EE UU, con dos guerras abiertas, la crisis económica, y una nueva pujanza de los republicanos, que el martes (madrugada en España) ganaron las elecciones en Virginia y Nueva Jersey. Para el primer presidente afroamericano en la historia de EE UU no habrá celebraciones y su programa de trabajo sólo incluye un viaje al estado de Wisconsin, donde tenía previsto dar un discurso sobre educación.
Además de los reveses electorales, el primer año desde su histórico triunfo electoral sorprende a Obama sumido en la búsqueda de una nueva estrategia para el conflicto de Afganistán y una pronta decisión sobre si envía más tropas a ese país.
También comenzó a apagarse la alegría de su victoria y las encuestas de su popularidad, que llegó al 70 por ciento cuando asumió la presidencia en enero de este año, es ahora alrededor del 55 por ciento.
Esa popularidad se vio afianzada por la promesa de cerrar en el plazo de un año la prisión de Guantánamo (Cuba), propiciar un acuerdo de paz para el Oriente Medio, así como sus anuncios de que un plan de estímulo lograría sacar al país de la recesión. Pero esas promesas parecen haber sido más difíciles de cumplir que lo que pareció creer el mandatario. El cierre de Guantánamo para enero de 2010 parece imposible y su gobierno ni siquiera ha podido determinar qué hacer con los más de 220 detenidos en la base estadounidense en Cuba.
La reapertura de negociaciones para el Oriente Medio sigue distante; en Irak los atentados de los últimos días parecen haber puesto en tela de juicio su anuncio de que la mayor parte de las tropas de combate saldrían de ese país a mediados del próximo año y el resto a finales de 2011.
A pesar de todos los frentes abiertos, la verdadera preocupación de ayer para Obama fueron los resultados electorales, en los que los republicanos perdieron dos estados. Los republicanos presentan su victoria electoral en Virginia y Nueva Jersey como un fracaso de las políticas de Barack Obama, algo que debaten encuestas y analistas, que alertan aun así de señales preocupantes para los demócratas.
Los dos estados celebraron el martes elecciones a gobernador, que coincidieron con varios comicios locales en EE UU, en los que se eligieron los alcaldes de ciudades como Nueva York, Atlanta y Miami.
"Envía la clara señal de que los votantes están hartos de la agenda progresista" de Obama, dijo el presidente del Partido Republicano, Michael Steele, tras conocerse que el conservador Robert McDonnell había ganado la gobernación de Virginia.
La Casa Blanca quitó hierro a los resultados al señalar que los votantes se pronunciaron sobre "asuntos muy locales que no tenían que ver con el presidente" e insistieron en que los resultados no afectarán a la agenda de Obama.
La residencia oficial hizo hincapié, además, en la victoria de un demócrata en una elección en Nueva York para cubrir una vacante en el Congreso.