El escándalo ha golpeado a todos los partidos (conviene recordar que un asesor del líder conservador, David Cameron, dimitió hace días de su cargo) pero especialmente al Laborismo, al que los sondeos auguran un descalabro en las urnas. Aunque los líderes de los tres principales partidos han pedido disculpas por el mal uso de fondos públicos, el descontento de los británicos no ha dejado de crecer en un momento económicamente complicado para el país por la recesión, que ha causado un aumento del paro y de los embargos de casas por el impago de hipotecas.