El tenista afirma: "No he tenido ni pienso tener ningún problema con Albert Costa"
Nicolás Almagro ha resurgido en 2010. El tenista murciano, en una entrevista en exclusiva a LA OPINIÓN, se muestra convencido de poder acabar la temporada muy cerca del ´Top 10´, además de aclarar que su relación con el capitán español de Copa Davis, Albert Costa, es cordial, como demuestra el hecho de que vaya a estar este fin de semana en la eliminatoria de cuartos de final frente a Francia.
Su temporada, hasta el momento, se puede considerar como buena. ¿Usted está satisfecho?
Empezó todo con una desgracia, cuando me rompí el escafoides. Todo se puso un poco negro, pero supe salvar Australia de una manera positiva y conseguí hacer un buen resultado. En la gira de tierra me encontré con mucha confianza, aunque no conseguí el resultado que venía esperando desde hace tiempo. Llegó Madrid y se presentó la oportunidad de hacer algo grande y lo aproveché, plantándome en semifinales. En Roland Garros estaba en el mejor momento, pero caí ante el mejor de tierra (Rafa Nadal, en cuartos de final).
Pero la derrota en París ante Nadal fue plantando cara, no como en otras ocasiones.
Salí con la cabeza alta y perdí con los valores de mi tenis. Salí a hacer mi partido, concienciado y sabiendo que ya lo tuve contra las cuerdas en Madrid. Lo intenté con todas mis fuerzas y perdí en cuartos, pero salí con la cabeza bien alta. Son esas derrotas que dejan un sabor agridulce porque has jugando bien y ha sido en cuartos de final. La lástima es que al resto de jugadores que estaban en cuartos de final, los había derrotado yo en semanas anteriores, pero tuve la mala suerte de encontrarme con Rafa Nadal en el camino.
En un mes y medio remontó 18 puestos en la ATP. ¿Quiere decir que vuelve a ser el de 2008, cuando llegó a ser el 11?
Yo creo que ese Almagro nunca se ha ido. El año pasado fue raro, con momentos complicados desde lo que le pasó a mi entrenador (Antonio González Palencia), hechos que han ocasionado que sea más fuerte. Fue una desgracia, aunque por suerte, él ya se encuentra en buen estado. Después me pasó lo de la mano, se murió un primo mío y se han ido sucediendo cosas que no son de agrado, pero lo he superado bien, he encontrado una estabilidad fuera de la pista que me ha ayudado muchísimo, y a partir de ahí mi tenis se ha visto más sereno, más tranquilo. Estoy disfrutando de una situación que antes no tenía.
¿Todos estos acontecimientos le han hecho ser más duro mentalmente?
Me noto más tranquilo, con el respaldo de un grupo técnico y humano muy grande. Yo creo que todo eso me ha dado la tranquilidad de poder sacar lo mejor de mí, y me he demostrado a mí mismo que puedo estar tranquilo, que puedo seguir jugando como lo hacía antes. El pasado está ahí, pero lo único que miro es el presente y el futuro.
¿Qué retos se ha planteado de aquí a final de año?
Uno de los objetivos era meterme entre los 20 primeros cuanto antes, y lo conseguí en un mes. A partir de ahora no defiendo puntos hasta final de año y ojalá que esto me ayude. Ha sido una pena no conseguir puntos en Wimbledon, pero el reto es acabar entre el puesto 11 y 13 de aquí a final de año.
Ha cambiado de entrenador y de técnicos, además de estar mucho tiempo ahora en Barcelona. ¿Cómo ha asimilado todo?
El cambio, a día de hoy, lo he asimilado bastante bien. Ahora tengo una filosofía de trabajo totalmente diferente a la anterior. Con Antonio cogí una base buenísima, me ha tratado como si fuera su hijo y ha conseguido que viviera el tenis como no me lo había planteado. Llegó ese problema suyo y tuve que tomar una decisión que no fue fácil, como fue separarme del cuerpo técnico que había tenido desde los ocho años, y sinceramente no pensaba que iban a llegar tan rápido los resultados. Tenía que adaptarme a una filosofía nueva, a estar separado de mi familia, pero lo he sabido llevar bien, me he centrado como nunca en mucho tiempo, he sacado lo mejor y ha sido todo una continuación del trabajo que llevaba con Antonio. A partir de ahí hay que seguir en la misma línea y el cambio no ha sido fácil, pero no tan drástico como se pensaba a priori.
¿Estar tanto tiempo fuera de casa es lo peor?
Quizás sí, porque cuando acababa los torneos, sólo pensaba en estar en casa, con mi familia. Ahora, siempre que puedo, viajo con mi novia y en lugar de volver a casa, me quedo en Barcelona entrenando. Mi padre y mi madre también me acompañan muchas veces. Ahora echo de menos a mi sobrina, que nació hace cinco meses, y no puedo disfrutar de ella como me gustaría, pero también tengo claro que esto es pasajero, que dura cinco o seis años más y que cuando tenga 30 años, mi sobrina estará encantada de ver que su tito ha dado lo mejor de sí mismo. Espero y deseo que todos mis amigos estén orgullosos de que haya llevado el nombre de Murcia por todos los sitios del mundo.
Parece que con el capitán de Copa Davis está todo solucionado. De hecho, estará en el Francia-España de cuartos de final.
En ningún momento ha sido verdad lo que se ha contado. No he tenido ni pienso tener ningún problema con Albert Costa; él toma las decisiones y yo tengo que aceptarlas como buen deportista, al igual que ocurre con el futbolista al que el entrenador deja fuera de la convocatoria. Se dijeron cosas que no fueron ciertas, él lo aclaró e incluso ha supervisado mi pretemporada en Barcelona, con una comunicación fluida. Y respecto a lo que pasó en la eliminatoria que se celebró en Torre Pacheco, no estuve allí porque no lo creí oportuno. Quería disfrutar de mi casa porque el año se hace muy largo y complicado. Pero no hubo ningún malentendido ni con el capitán ni con los compañeros.
Qué quiere decir, ¿que está todo solucionado?
Yo siempre he estado a disposición del capitán, nunca me he negado a jugar una eliminatoria. Jugar para tu país es lo mejor que te puede pasar. Y por encima de todo es un placer disfrutar de ese ambiente tan especial de la Copa Davis, donde se juega en equipo. Pero llegar a un equipo nacional se gana con el trabajo, con los resultados.
¿El hecho de estar en Barcelona le ha permitido tener un contacto más directo con Costa?
En ningún momento he estado ni lejos ni cerca. Pero al estar allí he conseguido tener una comunicación muy fluida con Albert Costa, con José Perlas, que es mi entrenador, con Tommy (Robredo) y Albert (Montañés), y ese círculo de unión se ha hecho más estrecho que antes. Ahora entrenamos juntos y al estar allí he conseguido expresar de todas las maneras que quería ciertas cosas que antes no podía.
¿Se quedará a vivir en Barcelona?
No, no, para nada. Cuando acabe mi carrera, este ciclo, vuelvo y tengo claro que mi vida está en Murcia.
¿Ha cambiado algo más en su preparación?
He bajado de peso, me he centro mucho en la dieta con Marta Otálora, que es mi nutricionista, y también me he ordenado y trabajado mucho el aspecto psicológico. Poco a poco se están viendo los resultados y la guinda fue en Roland Garros, donde controlé muy bien las emociones pese a tener partidos complicadísimos.
No debe ser fácil controlar las emociones en un pista.
Hay una cosa clara, que yo tengo un carácter fuerte, de temperamento, quiero ganar siempre, y no trato de excusar ciertas cosas que hago, simplemente es mi carácter. Pero también es cierto que lo llevo más controlado.
Es que se está haciendo mayor.
Sí, es cierto, pasan los años y tengo que dar ejemplo a mi sobrina y a todos, como me dice mi hermano. Estoy más tranquilo y más sereno. Ahora disfruto más que nunca en una pista de tenis.
¿Tiene marcado en rojo algún torneo de aquí a final de año?
Tengo varios, pero sobre todo los Masters Series y el Grand Slam que quedan hasta final de año. Si quiero estar entre los grandes, tengo que seguir con regularidad, como he hecho en los primeros seis meses, y a partir de ahí hacer buenos resultados en otros torneos de la ATP de los denominados 250 y 500. Y después, la próxima marca en rojo que pondré, será la de las vacaciones para coger fuerzas.
¿Qué le pasó en Wimbledon que cayó en primera ronda?
Trabajé mucho para llegar bien a Wimbledon, pero la hierba es una superficie peculiar. El otro jugador consiguió restar muy bien y no me sentí cómodo durante el partido. Lo importante es aprender y seguir trabajando, pero la actitud fue buena.