
Los primeros perjudicados por el proyecto de construcción del parking de San Esteban fueron los 52 vendedores del mercadillo, trasladados provisionalmente en agosto al paseo del Malecón. La decisión municipal buscaba no entorpecer la excavación arqueológica del solar e incluía el compromiso de reubicarlos en un nuevo recinto integrado en la plaza cuando concluyeran las obras. Pero, aparcado para siempre el proyecto por la aparición de uno de los complejos palatinos más importantes de la época andalusí en España, los vendedores son los grandes olvidados y reclaman al Ayuntamiento su vuelta al casco urbano ante su precaria situación.
Miembros de la junta directiva de la Asociación de Vendedores de San Esteban presentaron al servicio de Vía Pública del Ayuntamiento hace unos días un escrito en el que le proponen dejar el Malecón. "Es un lugar inhóspito –considera Manuel Bielsa, portavoz de los 'hippies'–, no conduce a ningún sitio y hasta da miedo pasearse por allí. Cuando llueve se nos mete la lluvia en los puestos y no es nada apetecible para ir a comprar, y eso es responsabilidad del Ayuntamiento".
Los artesanos sugieren tres posibles alternativas al Malecón: volver a San Esteban cuando se ponga en valor el parque arqueológico, instalarse en un tramo de Paseo Alfonso X o en el jardín de la Pólvora. En cualquiera de estas tres opciones los vendedores tendrían una afluencia garantizada de visitantes que se dirigen a otros lugares del centro de la ciudad. Bielsa asegura que los vendedores incluso estarían de acuerdo en dividir el mercadillo y recolocar los puestos en pequeños grupos en estas zonas, aunque reconocen que la predisposición del Ayuntamiento a apoyar sus sugerencias siempre ha sido nula. "En verano pedimos que nos pusieran unas pérgolas o porches adicionales en los puestos para librarnos del sol porque estábamos a 45 y 50 grados, sin exagerar, pero nunca nos dijeron nada", remata.
"No levantamos cabeza"
Los 'hippies', que confiaban al principio en darle vida al mercadillo del Malecón con conciertos y sesiones de timbales, han caído del árbol y lo cierto es que la mitad de los 52 puestos están cerrados o abren sólo días sueltos, una circunstancia que hace menos sugerente darse un garbeo por la zona. "La verdad es que desde agosto –lamenta Bielsa– no hemos levantado cabeza económicamente hablando. Firmamos la entrega de llaves de los nuevos puestos con presión por temor a que no nos dejaran tirados o nos requisaran la mercancía, y ahora estamos aquí esperando a que algún miembro de la Corporación, sea del signo político que sea, se digne a ver cómo estamos aquí".

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