MARÍA BRANDYS / I. L. M.
El Carnaval, una fiesta en la que predomina el sentido del humor el sarcasmo y la ironía, es la época que aprovecha el pueblo para meterse con la clase política. Y eso es lo que hicieron el pasado domingo en Mazarrón los miembros de la asociación que se opone al traslado del mercado de abastos, que siempre se ha caracterizado por ser muy crítica con el alcalde Francisco Blaya. Lo que comenzó como una tarde de fiesta acabó como el rosario de la aurora y con uno de los miembros de la plataforma, Luis Villa, disfrazado de Guardia Civil retenido en un coche de la Policía Local, al parecer por burlarse de los agentes, después de que la comparsa fuera abordada por "doce agentes" al término del desfile. Una vez identificado, fue puesto en libertad.
La asociación sacó de quicio a los organizadores al salir vestidos de guardias civiles, policías e incluso con uno de sus miembros imitando con una careta al propio alcalde, que iba acompañado de un vecino que figuraba ser un corrupto con un maletín con dinero. De hecho, la plataforma asegura que la edil de Festejos les amenazó con que no terminarían el desfile, que ya comenzaron con mal pie, puesto que, según señalan, les retiraron el coche con altavoces en el que sonarían las críticas chirigotas contra la gestión municipal. Este obstáculo lo solventó el presidente de la asociación sustituyendo el vehículo 'confiscado' por el suyo, hecho que tuvo que explicar en comisaría demostrando que tenía permiso para conducir el coche de megafonía.