Entrevista

Alfredo Sanzol: «El arte de la escritura es convertir lo inconsciente en objeto»

Lleva esta noche al Teatro Circo de Murcia su obra 'La ternura', una comedia romántica en la que intenta contar que nadie se puede proteger del daño que produce el amor

20.10.2017 | 10:59
Alfredo Sanzol: «El arte de la escritura es convertir lo inconsciente en objeto»
LA TERNURA
  • HOY, 21.00 horas.
  • Teatro Circo. Murcia.
  • 15/18/20 euros.

a ternura es una comedia de leñadores y princesas, de amores posibles en lugares imposibles y de fantasmas borrachos. Hay un único deseo que une a todos los personajes: encontrar la ternura. La obra surge de la relectura de las comedias de Shakespeare, y de ahí su cercanía a las historias de cómicos ambulantes, con engaños, giros de trama y pasiones desatadas. La obra, proyecto del dramaturgo navarro Alfredo Sanzol y coproducción de Teatro de la Ciudad y Teatro de La Abadía, estará esta noche, a partir de las nueve, en el Teatro Circo de Murcia; espacio que, por cierto, ambas compañías tomarán de nuevo mañana con la puesta en escena de Sueño. Comedia muy trágica, con la dirección de Andrés Lima y protagonizada por Nathalie Poza.

¿Cómo nace La ternura?
Después de hacer tragedia decidimos hacer comedia y de Shakespeare. He estudiado sus 14 comedias, tratando de pasearme por su atmósfera, personajes, tramas, trucos y gags de comedia. A partir de ahí he elaborado un argumento y personajes nuevos. También surgió el estilo y lenguaje de la obra, que ha sido lo más costoso. Aunque no hay verso, la forma de expresarse de los personajes es poética, llena de metáforas y comparaciones, algo a lo que no estamos acostumbrados en la dramaturgia contemporánea.

¿Y cómo surge el título de la obra?
En mi obra La respiración salía la palabra ´ternura´ y cada vez que la oía me tocaba. Siempre me fijo en el material que me emociona. Tiré del hilo de la ternura y descubrí una acepción que la define como la manera en la que el amor se expresa; sin ternura el amor no se ve. En ella está la escucha, el diálogo, el sexo, la convivencia...

Cada uno tiene una forma muy particular de mostrar ternura...
Sí, pero todos compartimos que cuando recibimos ternura lo notamos y si no, no. Es algo que por ser tan claro también es misterioso. Y si hay misterio hay conflicto. Me gusta trabajar con ideas potentes.

Hoy en día parece difícil encontrar esa ternura de la que habla.
Me gusta que mis obras, aunque parezca que hablan de temas personales, tengan una repercusión social. Una sociedad sin ternura es una sociedad en guerra. La ternura la podemos recibir en cualquier sitio. Es el juego en el que cuidamos del otro aún siendo un desconocido.

En la obra trata también el amor y desamor. ¿Existe algo más en la vida y en el teatro?
No sé si existe algo más, pero desde luego en esta historia los padres quieren proteger a sus hijos del amor pero es un deseo imposible porque el riesgo del amor es que puede producir dolor, cuando hay desamor. No se puede evitar. Me gusta mucho el arranque de la historia en el que una reina y sus dos hijas odian a los hombres que les han hecho daño y que tres leñadores odien a las mujeres por lo mismo. Pensé «si a estos los meto a todos en una isla se van a enamorar seguro» (risas).

¿Más Shakespeare y menos Prozac?
No he tomado nunca Prozac (risas). Para mí el arte de la escritura es una manera de convertir lo inconsciente en objeto, dar forma a lo inconsciente y asociar ideas que parecían inconexas y eso me sienta muy bien. Todo lo que tiene que ver con trabajar el equilibrio de la mente y cuerpo se complementa. El arte, deporte, filosofía, espectáculo,... todo hace que el ser humano se haga más grande y pleno.

¿En qué género enmarca La ternura?
Me gusta decir que es una comedia romántica de aventuras con fondo. Me gusta la expresión ´esto tiene fondo´, trabajar con personajes sin distanciarme de su dolor, de sus frustraciones, de sus miedos, que son materiales y de los que crees que no se puede hacer comedia. Me gusta hacer reír siendo empático con los personajes, no ponerme encima. Hay una parte de mí que tiene que estar enganchada al personaje, sentir que somos hermanos.

¿Incluso cuando es uno malvado?
Sobre todo en esos. Todos tenemos fantasías que tiene que ver con el mal, pero somos capaces de reprimirlas. El reprimir impulsos es un trabajo muy importante. A veces se exalta que no hay que reprimirse; no, perdona, hay que reprimirse más para construir hábitos que nos hagan bien. Al público y a mí nos gusta ver personajes con problemas de impulsos, que pueden llevarlos a zonas oscuras.

¿Dónde cree que está el poder de la comedia?
Tiene muchos efectos: es liberadora de tensiones porque trabaja con los límites de las normas sociales, de los prejuicios, se mueve en el terreno de los imposibles; también tiene un efecto que tiene que ver con el ánimo porque siempre da una segunda oportunidad a los personajes, nunca mueren aunque estén a punto de fracasar y perderlo todo, es el género de la segunda oportunidad; y también tiene algo de entrenamiento para la vida, para relativizar los problemas.

¿Con qué mensaje le gustaría que saliera el público de la representación?
Me gustaría que salieran con más ganas de expresar más el amor.

Enhorabuena por el Premio Max a la mejor autoría teatral...
Muy contento y con mucha ilusión, nunca te lo esperas, siempre es una sorpresa muy agradable.

¿Qué es para usted el teatro?
Es la manera en la que yo me expreso, en la que hago síntesis de la vida. Es el arte social por excelencia, el público va a ver historias hechas por personas como él. Es el lugar donde lo íntimo se hace social y viceversa, el lugar donde se pone carne y hueso a los fantasmas de cada uno.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine